El tiempo se dilata en la habitación.
Los jacintos morados caen en el suelo y las orillas están tranquilas.
No hay ya casi historias épicas.
Quién quiere la épica y sus verdades absolutas.
Quién quiere la tragedia si una sitcom puede resolver todas las preguntas.
No hay ya historias que cuenten historias.
Solo queda la metaficción.
Comer-devolver-cagar constantemente
No hay creación en la habitación donde el tiempo se dilata y
la post-modernidad ocupa el espacio de la discusión.
Meta-discurso en pareja.
Suena una canción que no tiene un origen claro
Clio susurra la narración hecha de realidades subjetivas y echa realidades subjetivas.
Clio muere en el silencio
No hay épica, no hay tragedia, no hay ficción
y no hay tampoco historias.
No hay dolor sino hay recuerdo ahora.
Ahora que los jacintos morados caen al suelo y están tranquilas todas las orillas.
Cualquiera puede ocupar la habitación que dilata el tiempo
y el tiempo es la sangre de la herida no cicatrizada del costado.
No hay promesas de resurrección.
No hay promesas de fama.
La fama es propia de la épica, de la tragedia,
del poema que se cuenta, del que se lee.
Y ésta bien pudiera ser la historia de una pareja
que está en una habitación dilatada por el tiempo
y con dos musas susurrando en sus dos oídos izquierdos
que ya no hay melancolía,
definitivamente.
Un cara sin rostro es la trampa para empezar a contar.
¿Sabes tú cómo es esta historia?
El hilo tejido lo tiene la parca.
Nuestra pareja
está tan desesperada
que provoca la ternura;
pero tú, lector, no tienes ternura.
Y tampoco yo, que soy quien cuenta ahora este cuento.
La pareja que esta en la habitación que dilata el tiempo.
La pareja que tiene dos oídos izquierdos.
La pareja cuyo hilo atesora la parca tiene dentro de sí toda la ternura del mundo.
Es sólo que aún no lo sabe.
Los jacintos morados caen en el suelo y las orillas están, siguen estando tranquilas.
Este es el decorado de la última sitcom de moda.
El decorado de la última comedia de situación que seguro que ya has visto.
Se guardan las ganas que me quedaron de ser blonde,en un cajón desastre de disfraces
lunes, 23 de enero de 2017
No seré más tú hijx
Para ser madre hay que
tener hijos;
Para ser madre hay que tener hijas,
ser
mujer,
tener familia.
Hay madres que no
encuentran sus hijos.
Hay madres que no encuentran a sus hijas.
Hay madres que no encuentran a sus hijas.
Madres sin familia,
Madres patria,
madres patrias.
madres patrias.
Hay madres que no tienen
hijos.
Hay madres que no tienen hijas.
Pero no hay hijas
Pero no hay hijos sin madre.
Toda hija,
todo hijo
todo hijo
tiene una madre.
Se puede ser niño,
niña y no tener madre;
pero no se puede ser hijo,
pero no se puede ser hijo,
hija sin madre.
Toda hija,
Todo hijo
Todo hijo
tiene una madre.
“Madre no hay más que una y
a ti te encontré en la calle”.
En la calle no están las madres sino los hijos,
las hijas que son la calle para las madres.
las hijas que son la calle para las madres.
La calle es el espacio donde se puede carecer de identidad
La calle como un espacio
sin identidad
Sin deseo,
sin yo.
sin yo.
La calle como una duna
móvil.
Calle duna móvil.
Calle duna móvil.
En la calle hay anuncios
que hablan de madres.
En la calle hay anuncios
que hablan de hijos,
de hijas.
No seré más una hija.
No seré más un hijo.
Tu hijo, tu hija.
No te llamaré "madre".
Sin tu nombre, madre
¿Puedes desaparecer?
Si no te nombro, madre,
Si no te nombro, madre,
desaparecerás.
Si no me nombro "hijo", "hija",
¿No puedo ser huérfana,
huérfano de madre, madre?
huérfano de madre, madre?
No hay madres,
Ni hijos.
No hay hijas
No hay hijas
y solo esta la calle
y es tan grande y hay en ella tanta gente...
y es tan grande y hay en ella tanta gente...
Matar al padre,
a la madre.
Matar al testigo que es el
hijo
al testigo que es la
hija.
¿Qué queda si no hay testigo?
Si se mata con él la herencia
y la Historia.
¿Qué queda si no hay Historia?
¿Qué somos si no hay herencia?
No hay identidad que llevar
sobre los hombros
No hay identidad que
aguante esta calle.
El líquido, el orín.
No volveré a hablar de madres, de padres.
Hablaré de la calle
y de la masa que son los
hijos;
de la masa que son las hijas cuando desaparece la identidad de nombrarlas:
de la masa que son las hijas cuando desaparece la identidad de nombrarlas:
Hija.
Hijo.
Hijo.
Te quito el peso, madre, de
ser mi madre.
¡Se libre!
No eres mi madre.
No te nombres como madre.
No tienes hijas ni hijos.
Porque, lo siento mucho, madre,
pero yo ya no soy tu hijo,
yo ya no no soy tu hija.
pero yo ya no soy tu hijo,
yo ya no no soy tu hija.
No me llames.
No soy el nombre que sale de
tu boca.
No soy el nombre, sino el verbo y,
porque me narro no formo parte de la decoración.
porque me narro no formo parte de la decoración.
Esta decoración que llamas Casa, familia, patria.
No hay hogar para los
malditos,
No hay hogar para quienes no nos nombramos como
hijo,
como hija.
como hija.
Sé lo que quieras ser pero deja que me vaya.
Me libero de mi destino,
de mi identidad de hija,
de mi identidad de hijo,
De ser nombrada tu hija
De ser nombrado hijo tuyo.
No te pertenezco.
No te debo la gracia que es
la vida.
Una vida que no pedi pero
que ahora es la mía.
Lo sé.
Soy yo quien no la quiere
quien la desprecia.
quién no se nombra.
Siento el daño que te causa la libertad de no ser más
mi madre.
Siento el dolor que te genera mi desprecio.
El desprecio de no querer
nombrarme como hija,
como hijo.
Siento no poder encontrar
la paz en eso que llamas Casa, familia, patria.
Duerme tranquila en la
habitación porque una madre nunca es
responsable.
Una madre no es responsable.
Nunca es responsable
Nunca es responsable
de no querer tener hijos,
de no querer tener hijas.
Duerme, duerme tranquila.
Duerme sin culpa.
Casa, familia, hogar
Eco
Recuerda siempre que yo soy quien no se nombrara más
como hija.
miércoles, 6 de julio de 2016
Escamas
Paternalismo: tendencia a aplicar las formas de
autoridad y protección propias del padre en la familia
tradicional a las relaciones sociales, políticas y laborales
Cuando el testamento sea leído
no habrá herencia para los fuertes.
Cuando el testamento se firme
no habrá futuro para los valientes.
Me dijeron: habra Serpientes
en la cuna donde nazcas.
Me dijeron: llegarás con el pecado
y tú les recordarás su pecado.
Llegue entre Serpientes
pero nací con su marca.
Me susurraron para que yo encarnara
su culpa.
Me incitaron para que asumiera
su destino.
PRIMOGÉNITA
Lo peor que le puede pasar al padre
es rechazar,
Rechazar su destino.
Lo peor que le puede pasar al padre
es rechazar.
Rechazar su marca.
Repté mis caminos en horizontes
subterráneos y húmedos.
Cuando el testamento se firme
quedaré exenta de asumir su culpa.
Nací entre Serpientes.
Al padre le debo formarme en torno a lo que se odia.
Le debo formarme con la venganza
Secreta
de saber que no le debo nada.
Solucioné mis culpas con el destino que me ofrecieron.
Rechacé el castillo para salvar mi alma.
Mi alma.
Mi alma marcada por su pecado.
Tracé lineas invisibles
entre los límites de su territorio.
Ciega,
creé una frontera para que pudiera habitar
el rojo de la venganza.
Mi poder
reside en saber el derecho
que tengo de odiarte y no ejercerlo.
Mi poder
reside en saber el derecho
que tengo de utilizar el rojo de la venganza
y no hacerlo.
Mi poder
reside en que nací con el pecado en un nido
lleno de Serpientes.
Las Serpientes sanaron la herida que dejó tu marca.
Las Serpientes compraron tu pecado y
lo convirtieron en saliva, proteínas y polipéptidos.
Las Serpientes me enseñaron a mudar de piel.
Piel fría, áspera y dura
Tengo un mapa trazado con el recuerdo
de tu culpa en mi cuerpo.
Escamas.
La mancha de mi costado,
el lunar de mi cuello,
mi ligero pie griego,
el tamaño de mis manos,
la textura de mi pelo.
Tengo un mapa obsoleto que trazaste para mí
con odio.
Mi venganza, roja, para mi sangre fría
reside en dos pequeños colmillos
con alvéolos.
Mi venganza reside en mudar de piel y
sanar tu herida.
viernes, 1 de abril de 2016
veinte pasos, diez minutos, 1,70 m
Estás esperando.
Siempre esperas.
Infinita paciencia que a veces me saca de quicio.
Te veo desde fuera.
Hace uno de esos días absolutamente primaverales.
Tú sigues esperando.
Miro el reloj.
Diez minutos
Yo no esperaría tanto.
Yo no esperaría.
Me saca de quicio tu paciencia, ahora infinita.
No soy tan buena.
Calculo la distancia en pasos que nos separa:
veinte.
Veinte pasos.
Visto así desde aquí,
desde esta parte del cristal,
pareces mercancía.
Visto así parece que cualquiera,
yo misma podría comprarte.
Visto así parece que cualquiera,
ella misma podría acercarse a ti
y decirte cosas como las que yo te he podido decir,
como las que te he dicho
para que tú estés ahí,
esperándome.
Hay algo en ti,
algo que tú me has dado
algo que guardas entre el abrigo y las servilletas escritas
que hace que creas que me perteneces.
Ese algo hace, también,
que siempre me esperes
Me saca de quicio.
Nunca te pedí que me esperases.
Nunca te pedí tu paciencia infinita.
Una devoción
para alguien que no la quiere.
No quiero tu devoción.
No quiero tu paciencia infinita
Es un gran regalo con un lazo
que se canjeará en algún otro momento.
Odio tanta amabilidad.
Es, en última instancia, una forma cruel de ego.
No soy tan buena, no soy
tan valiente.
Estos veinte pasos que nos separan son ahora infinitos.
Tengo una herencia nefasta pero soy mejor que mi herencia.
Aun así no soy tan buena.
No tan buena como tú
Haces que me sienta incómoda,
culpable de ser instinto.
Tengo 1,70 de libertad
y deseo que estos veinte pasos sean un profundo precipicio.
Es abrumadora tu paciencia,
cansada tanta racionalidad,
y se torna en frío.
No administraré tu devoción.
Es tuya.
Haz con ella lo que quieras.
No hay ternura en mí para tu devoción y paciencia.
Cuando todo se haga añicos,
estos diez minutos de espera serán el precipicio.
Serán tu espada
¡Damócles!
Pero ahora sólo diez minutos y veinte pasos.
Cuando llegue te daré un beso,
asumiré mi altura,
asumiré también que soy lo que ven tus ojos,
que estoy dentro de tus ojos encerrada en 10 minutos
y veinte pasos.
Siempre esperas.
Infinita paciencia que a veces me saca de quicio.
Te veo desde fuera.
Hace uno de esos días absolutamente primaverales.
Tú sigues esperando.
Miro el reloj.
Diez minutos
Yo no esperaría tanto.
Yo no esperaría.
Me saca de quicio tu paciencia, ahora infinita.
No soy tan buena.
Calculo la distancia en pasos que nos separa:
veinte.
Veinte pasos.
Visto así desde aquí,
desde esta parte del cristal,
pareces mercancía.
Visto así parece que cualquiera,
yo misma podría comprarte.
Visto así parece que cualquiera,
ella misma podría acercarse a ti
y decirte cosas como las que yo te he podido decir,
como las que te he dicho
para que tú estés ahí,
esperándome.
Hay algo en ti,
algo que tú me has dado
algo que guardas entre el abrigo y las servilletas escritas
que hace que creas que me perteneces.
Ese algo hace, también,
que siempre me esperes
Me saca de quicio.
Nunca te pedí que me esperases.
Nunca te pedí tu paciencia infinita.
Una devoción
para alguien que no la quiere.
No quiero tu devoción.
No quiero tu paciencia infinita
Es un gran regalo con un lazo
que se canjeará en algún otro momento.
Odio tanta amabilidad.
Es, en última instancia, una forma cruel de ego.
No soy tan buena, no soy
tan valiente.
Estos veinte pasos que nos separan son ahora infinitos.
Tengo una herencia nefasta pero soy mejor que mi herencia.
Aun así no soy tan buena.
No tan buena como tú
Haces que me sienta incómoda,
culpable de ser instinto.
Tengo 1,70 de libertad
y deseo que estos veinte pasos sean un profundo precipicio.
Es abrumadora tu paciencia,
cansada tanta racionalidad,
y se torna en frío.
No administraré tu devoción.
Es tuya.
Haz con ella lo que quieras.
No hay ternura en mí para tu devoción y paciencia.
Cuando todo se haga añicos,
estos diez minutos de espera serán el precipicio.
Serán tu espada
¡Damócles!
Pero ahora sólo diez minutos y veinte pasos.
Cuando llegue te daré un beso,
asumiré mi altura,
asumiré también que soy lo que ven tus ojos,
que estoy dentro de tus ojos encerrada en 10 minutos
y veinte pasos.
sábado, 12 de marzo de 2016
diario de la pérdida y el deseo: 12 de marzo
No volverá a ocurrir. Eso dijiste hace unos años, hiciste la promesa de no tener que volver a hacerlo, justo aquí donde estas ahora. Dijiste, en este lugar nunca más, eso nunca más. Pero el engaño es propio del ser que es humano, como lo es la verdad. Creí, que esa parte que me contaste en este lugar era la parte de la verdad, la verdad de todo lo que ocurría. Ingenuidad de primeriza. Pero me equivoque y sé ahora, que la verdad está sobrevalorada, sobre todo cuando la verdad parte de quién tiene el poder y el privilegio. Se que la verdad es la otra cara de la mentira y que a veces la mentira es más grande, más fuerte y mas verdad.
Vendrán tiempos mejores me dijiste, y vi que el tiempo se escurría entre las manos y nunca llegaban.Vi el tiempo escurrirse en sueldos, en billetes de cincuenta.
Es algo inevitable.
Es la elección entre dos males, entre dos tragedias.
Es inefable e inevitable, y alguien tiene que hacerlo.
Matar al perro porque no se puede curar la rabia. Curar la rabia, intentar no matar al perro.
Cuando pasa eso, se produce la resolución trágica, la resolución final, sin poder tener elección. Y alguien siempre tiene que hacerlo, alguien tiene que tomar la decisión de matar para no morir, de luchar para no perder, de disparar para no acabar muerta de desidia en la mazmorra de la comodidad burguesa.
Después, siempre después de la fiesta alguien recogerá el confeti, y los trozos de tarta y los platos sucios de chocolate y pasteles. Alguien recoge las guirnaldas y las guardará en una bolsa negra.
Es un abismo la movilización hacia la acción de ruptura, es lanzarse al precipicio confiando que la caída será el proceso en si mismo y que caer es el emblema de la propia resurrección. Ser Mefistófeles como la mejor solución para el sistema que impuso Dios,el sistema que impuso el padre, el sistema que impuso la sangre, que es familia y es herencia y es apellido. Confiar en la caída, Confiar en la ruptura, en la lucha del adiós, para poder sustituir la anestesia de la tranquilidad por la acción como único valor. La acción en dirección al pasado, la acción en dirección al mismo presente, la acción hacia el futuro consensuado, hacia el futuro sin jerarquía al futuro sin el padre generoso que nos dio el paraíso a modo de sitcom.
Amputar los recuerdos de los buenos tiempos, porque son lastres de mentiras contadas como verdades. Puños de verdades sobrevaloradas. No existe el perdón para quién elije la caída constante al vacio del presente continuo y del futuro simple. Para que no duela,confiar en la amputación del pasado, confiar en que el paso gestara sin recuerdo este presente que ahora decido de manera violenta, para poder recoger los restos de la fiesta de mi quinto cumpleaños.
Y ahora estas otra vez aquí, ahora estás delante de este espejo diciéndote, otra vez, como Sísifo, nunca más, en este lugar nunca más. Resolviendo los mismos agujeros negros que te prometiste no resolver, jamás, nunca más. Los agujeros negros de las cenas familiares, los agujeros negros de la madre y el padre, los agujeros negros de la distancia entre hermanas, los agujeros negros que quedan después de los finales de fiesta, del confeti, de los trozos de tarta, de los platos sucios de chocolate y pasteles. Los agujeros negros de las sitcom del paraíso del padre, los agujeros negros de la comodidad burguesa, los agujeros negros del tiempo que se escurre entre las manos, entre los sueldos y los billetes de cincuenta.
jueves, 18 de febrero de 2016
un folio
Somos inmortales porque te nombra este texto.
Apareces en estas líneas
¡Lee!
No moriremos nunca porque tú nombre
es cada una de estas
letras que ahora escribo
¡Pronúncialas!
Estás condenado a estar conmigo mientras exista este texto
Eternidad
En un folio en blanco lleno de nuestros nombres
Eternidad es el lugar que ocupan las fotos del segundo
estante
Eternidad es el tiempo medido con un reloj de arena
Pasearemos siempre por un jardín
del norte de Inglaterra cerca de escocia
Ahora, en este momento estamos en ese jardín
¡Huele esa flor rosa!
Siempre
Fundidos entre el papel
Fundidos entre las consonantes
Que caen por la esquina de este te texto
Columpiándonos en las vocales del miedo
Sonreiremos para esta foto
Dos chinchetas en las comisuras de los labios
Para poder sonreír
Sepia.
miércoles, 10 de febrero de 2016
Escena
Ella llamará a su puerta. Están a
finales de Abril y ese mes ha sido lluvioso y cálido. Olerá a lluvia cuando
llame a su puerta.
Lleva la lluvia con ella.
Le abrirá la puerta de un
apartamento cualquiera y céntrico. Le abrirá la puerta de un pequeño
apartamento de una gran metrópolis. Y olerá, olerá su olor a lluvia y
contestará con un ligero erizar de las epiteliales apenas perceptible.
Languidece ante su presencia y no
lo sabe. Pero cree que podría ser cualquiera que ocupase ese espacio y oliese a
lluvia.
Un rostro en el reflejo de un
autobús.
Estará calada hasta los huesos. Y
entrará despacio en el apartamento todo él, blanco y tan céntrico. Observará las esquinas, observará los marcos de las ventanas. Buscará los lugares más
oscuros que pueda encontrar en ese apartamento impoluto, antes de entrar.
Hola en un susurro tejido sobre
su cuerpo. Material protéico de sus encimas.
La dejará entrar y observará sus
pisadas de agua en el suelo del apartamento impoluto, céntrico y blanco.
Observará cómo gotea. Duda de la existencia de su cuerpo de agua mientras la ve
recostarse en el sofá. Sonreirá porque cree tener una quimera domesticada,
dormida en el sofá de su apartamento. Ingenuidad de los primeros tientos,
ingenuidad antes de conocerse, antes de reconocerse en cuerpos que parecen
iguales bajo la luz entrevelada de este mes de abril cálido y lluvioso. Húmedo
y oscuro.
Una bebida caliente, un torpe
beso y frases pretenciosas sobre el destino, el amor y el juego. La mujer de
agua palpará sólo con las yemas de los dedos el nuevo cuerpo que se extiende en
el sofá. Camina silenciosa con los dedos por cada pliegue de piel, silencio que irrumpe el ensordecedor sonido de la ropa
cayendo al suelo, del sonido de las
cremalleras y los botones. Anestesia con su boca todo el recorrido que su boca
hace acompañando a sus yemas.
Es un destino posible y ya
empiezan a percibirlo. Los dos cuerpos iguales se susurran frases; los dos
cuerpos perciben que es algo propio de la acción de comunicarse desaparecer en
la otra para poder entenderse en el movimiento entrecortado.
Es torpe y es brillante. Es
cálido y lluvioso, húmedo y oscuro como el mes de abril, como la mujer de agua
y el cuerpo es también impoluto, blanco, céntrico, como un apartamento de una
ciudad cualquiera.
Desaparecen en la habitación.
Esquinas, marcos, los lugares más oscuros guardaran los cuerpos para generar
otro ser, otro ente que obligará a seguir desapareciendo en la otra con cada
intento de comunicación que haya. El existencialismo del momento se percibe
como un instante eterno.
Suena una canción fácil, mientras
recogen los restos y montan el puzzle de los nuevos seres engendrados en sus
mismos cuerpo y llenos de otras palabras.
martes, 12 de enero de 2016
Ansiedad y no es un bolero
De conducta: Estado de alerta e hipervigilancia, bloqueos, torpeza o dificultad para actuar, impulsividad, inquietud motora, dificultad para estarse quieto y en reposo. Estos síntomas vienen acompañados de cambios en la expresividad corporal y el lenguaje corporal: posturas cerradas, rigidez, movimientos torpes de manos y brazos tensión de las mandíbulas, cambios en la voz, expresión facial de asombro, duda o crispación, etc.
Intelectuales o cognitivos: Dificultades de atención, concentración y memoria, aumento de los despistes y descuidos, preocupación excesiva, expectativas negativas, rumiación, pensamientos distorsionados e importunos, incremento de las dudas y la sensación de confusión, tendencia a recordar sobre todo cosas desagradables, sobrevalorar pequeños detalles desfavorables, abuso de la prevención y de la sospecha, interpretaciones inadecuadas, susceptibilidad, etc.
Sociales: Irritabilidad, ensimismamiento, dificultades para iniciar o seguir una conversación, en unos casos, y verborrea en otros, bloquearse o quedarse en blanco a la hora de preguntar o responder, dificultades para expresar las propias opiniones o hacer valer los propios derechos, temor excesivo a posibles conflictos, etc
Esto es un día a día cuando tienes ansiedad.
Ansiedad no es estrés.
Ansiedad es una parte del carácter, el estrés tiene más que ver con algo circunstancial, puntual. Ocurre.
Eres alguien con ansiedad pero ¿cómo era antes.?
Ansiedad no es estrés.
Ansiedad es una parte del carácter, el estrés tiene más que ver con algo circunstancial, puntual. Ocurre.
Eres alguien con ansiedad pero ¿cómo era antes.?
Vivir te provoca ansiedad. Pero ¿no es la vida en si misma ansiosa?
Te dicen que tomar decisiones en gran medida te libera. Es mentira tomar decisiones solamente es tomar decisiones.
El problema no es directamente contigo, conmigo. Eso lo sabes gestionar antes, desde hace mucho tiempo, antes de que te dijeran ansiedad o hiperactividad. El problema son los demás y sus absurdas preguntas cuándo estas en estado de alerta extrema. No ayuda, que sepáis que no ayuda en absoluto.
Confundir realidad con proyección y que la proyección acabe tomando forma real y sentir que otra vez has acertado, no querer acertar. Una interpretación absurda que se basa en el fatum.
Confundir realidad con proyección y que la proyección acabe tomando forma real y sentir que otra vez has acertado, no querer acertar. Una interpretación absurda que se basa en el fatum.
Sentir que a veces eres visionaria, un alter ego narcisista y que se dude de la evidencia, de tu posibilidad, viable.
Odias a Tomás, odias tener fe, dudar de tu propia percepción. Tu percepción condicionada por todo lo que supone la ansiedad y sentirla brillante, sentirla real y certera.
Mesiánica
Odias a Tomás, odias tener fe, dudar de tu propia percepción. Tu percepción condicionada por todo lo que supone la ansiedad y sentirla brillante, sentirla real y certera.
Mesiánica
Así todo el rato.
Sola, sola sin mi, desconectada de mi. No querer escucharse más, porque como apunta este texto una es siempre muy aburrida.
Olvidar tu derecho a no decir nada, que se respete tu derecho a no ser, a no no estar, a no dar ninguna explicación a nadie por nada, nunca.
Nunca es una palabra magnifica.
Estar en una sopa de sentimientos un día de agosto. Tiempo contra emoción. emoción contra tiempo. Cómo se mide la intensidad de lo que sientes.
Sentir, a veces, en un solo cuerpo diferentes estímulos emocionales externos que no son propios, como reconocimientos de algo que has sentido, que conoces, pero que ahora no es tuyo, no te pertenece pero está ahí, en tu bolsillo izquierdo, junto a tus cosas, enredado, enmadejado.
No saber cómo nombrarlo, no poder nombrarlo, ser solo sentimiento, ser solo muchos sentimientos distintos y nadar. Dudar entre nadar o abandonarse.
Ansiedad emocional.
Sentir en exceso, sentir que sientes más que los demás, que los demás te acusen de demasiado sentimiento. Sentir millones de sentimientos a la vez, notar los icebergs de los que te rodean como propios. Un exceso todo el rato.
Es tan cansado.
Ansiedad emocional.
Sentir en exceso, sentir que sientes más que los demás, que los demás te acusen de demasiado sentimiento. Sentir millones de sentimientos a la vez, notar los icebergs de los que te rodean como propios. Un exceso todo el rato.
Es tan cansado.
domingo, 29 de noviembre de 2015
Escena
Laisse aboyer les
chiens. B.B
Un roce de manos en una cena improvisada. Hay tanta gente
que cuesta leer lo que se dicen cuando solo se rozan.
El silencio es el aliado del misterio. Pero ahora mismo no
hay silencio, no hay misterio, solo hay un roce de manos, en una cena
improvisado. Durante un fractal de segundo se miran, pero no es suficiente para
percibir que es lo que hay detrás del contacto y el tacto de la piel. Un
nanosegundo y ¿han sentido erizarse la piel?
Cuerpo extendido por el deseo torpe que se lee entre el sonido sordo del bullicio. No hay susurros. El estruendo que desaparece solo con el tacto
de dos dedos en una mesa. Es un segundo congelado en un roce de dos manos, de
dos dedos, algo anodino. Nunca más volverá esa milésima de segundos en el roce
del tacto de las manos. Se quedará para siempre en ese tiempo. Cuando vuelvan a
ese roce de manos, no sabrán que hay historias que nunca se contarán a través
del silencio.
Escena
Caminan en silencio después de salir del cine. El sonido de los zapatos rompe el silencio de
los soportales. Hace tanto tiempo de todo que el recuerdo ocupa más espacio que
el presente. El recuerdo es el yugo amable. El recuerdo es la inercia del día a día.
Comentan la película buscan un espacio caliente que está mal
iluminado, con esa luz tenue que tiene el tacto del terciopelo rojo. Poco ruido
y una copa de exportación. Se sonreirán buscando lo conocido de ellos, un ir a
tientas entre el presente y el pasado. Velos anaranjados.
Alguien apartara el pelo del rostro con un gesto de
adolescente torpe. Ella, apartara su pelo. La mirara por debajo del gesto que ella realiza para el recuerdo de
este momento. El olor a flores blancas se entrecruza en ese movimiento. Es una
foto en blanco y negro prestada. Ese color, el blanco y negro, defiende el tiempo que pasa en el presente
que se está haciendo. Se dignifican.
No queda nada.
Cuesta enfrentarse al pasado olvidado que aparece a modo de
chanza. El presente de esta historia
está lleno de todos los recuerdos del pasado, cuanto más presente tienen más
pasado les persigue. Es algo inevitable. Es algo que conlleva al final de su
propia existencia, congelada en pequeñas fotos anaranjadas. No hay presente sin
pasado, no hay futuro sin pasado, eso aún no lo saben, son ciegos, sordos y
mudos. Hablan del director, de la protagonista.
Pero está ahí, las fotos de unas vacaciones, de un viaje de
fin de semana, de un perro, de una
sonrisa robada en un concierto, de un abrazo en el salón de una casa alquilada.
Todo el pasado que se vuelca para seguir tejiendo la historia del presente.
Se prometieron tantas cosas que solo quedan los versos de
las promesas. Imágenes, ecos, el deja vi
que utiliza el recuerdo como broma. Un guiño.
No les duele, ya no puede doler lo que una vez sintieron; no
pueden doler las imágenes almacenadas en la última estantería. Es el precio de
ser adulto, es el precio que tiene el tiempo cristalizado.
Un vestido con flores, unas playeras, un cigarrillo
compartido, la arena en los bolsillos de
un viaje de fin de curso a un país que huele a verano interminable. Todo, quedará almacenado en ámbar dentro de lo que es el recuerdo del
pasado.
Sienten frío, no saben que se desean porque el deseo tiene
recuerdo sin pasado, el deseo es un presente continuo, una improvisación, un
desorden inexistente.
Tengamos silencio para escuchar el recuerdo sin pasado y dejar
que se produzca el deseo.
jueves, 26 de noviembre de 2015
Diario de la pérdida y el deseo: el próximo martes
Un paseo en coche. Un coche
nuevo. Una tarde soleada de Noviembre.
Sonrío, sonríes y tocamos el cielo con la punta de los dedos.
Es, por ejemplo, martes. Hablamos
de viajes, de playas y de calcetines de rayas. Sonríes, sonrío y seguimos
conduciendo entre los árboles vacíos, mientras suena una canción francesa que
nos increpa profite.
Ahora no parece invierno, pero el
invierno nos espera en la siguiente, siguiente curva. Esta delante nuestro y da
miedo. Tengo miedo de las tardes soleadas de Noviembre porque debajo de las hojas
se esconde el frío de las noches sin luna.
Un ciervo cruza delante. El zorro
se esconde entre los matorrales y el
perro descansa mientras observa pasar la tarde con sabor a manzana asada.
Un sol brillante entre las ramas,
que ya están desnudas y el suelo se
cubre de un potente amarillo que recuerda el tiempo en que todo era dorado.
El viento nos susurra que está
llegando la noche y aún andamos sin destino. El deseo se congela en una
pantalla de un mapa. Te susurro obscenidades y te propongo echar a la suerte
nuestra ropa.
Puede que nunca lleguemos a la
segunda curva y puede que el frío de las
noches sin luna que se esconde en las hojas de este noviembre de manzana no llegue a tocarnos las puntas de los pies.
Cuento espejo
Ella llama por teléfono, tiene dudas, cuelga. Vuelve a llamar y se muerde la lengua sin querer. La boca sabe a hierro. Cuelga el teléfono No sabe que decir. Esas cosas pasan a veces.
Suena el teléfono; ella esta al lado, acaba de colgarlo y ha sonado. Lo coge, pregunta quién es, pero el teléfono se cuelga después de un profundo silencio. Lo mira y se agarra las rodillas blancas. Entra en pánico. Se quedará ahí al lado, quieta. Tendrá miedo a que vuelva a sonar.
Respira hondo, se lo han dicho en clase de yoga. Coge el teléfono y vuelve a llamar.
657 896 346.
Al otro lado alguien pregunta quién es, se produce un profundo silencio y después cuelga.
domingo, 22 de noviembre de 2015
Diario de la pérdida y el deseo: 21 noviembre
Ocurre. A veces pasa.
Ese martillo dentro de la cabeza. No sé por qué se produce. Pero suena ahí dentro a ratos.
Se desencadena de manera casual, es como un brillo que acaba en espiral con sonido intermitente. No llega a ser sirena.
Ninoninonino...
Es un martillo que cambia de fuerza, de sonido, dependiendo de la arbitrariedad más absoluta.
Es un pensamiento martillo que no se parece en absoluto a un oso blanco pero pesa lo que pesa un oso blanco.
El insomnio de antes de sonar el despertador.
Esta ahí.
Tú coges el coche, sacas al perro, visitas a tu madre, hablas de política, compras naranjas y el martillo esta justo ahí, debajo de las cosas que haces todos los días. Agazapado. A veces no se piensa, a veces se siente. El martillo aparece. Lo oyes. Lo oyes golpear y no puedes sacarlo de la cabeza. Puede no durar mucho, es el flash-martillo. Después vuelves al mismo lugar donde estabas, coges el coche, sacas al perro, visitas a tu madre, hablas de política, compras naranjas.
No adormece el sonido. No es una caída libre, es una caída pausada, intermitente y si observas todo el proceso, te parece incluso despreocupada. Pero ahí esta, latente, intermitente, pendulación entre la repetición de algo que no ha ocurrido y algo que puede ocurrir. Es silencioso, nadie lo nota. En realidad, es más fácil poner buena cara y sonreír que exteriorizar el sonido del martillo. La sonrisa, la buena cara, elimina las preguntas del sonido en el otro. Constantes preguntas que se convierten a su vez en parte del martillo. La necesidad de dejar de oírse, la insistencia del martillo por que lo oigas dentro del cráneo. Moverse hacia la acción. No querer acción. Respirar y la inutilidad de la respiración. Los otros como seres afilados, alfileres, legos olvidados a los pies de la cama una noche sin luna. El susurro del pasado en la oreja izquierda, el velo del futuro en el ojo de Cíclope.
El peso de una pluma es tan molesto entre el sonido del martillo...
La palabra "hammer" se parece más al sonido y al eco que queda en tu cabeza que la palabra martillo.
Cristales pequeños dentro de la bañera. Otra vez ese pensamiento. Discusión perdida en el espejo. La culpa se presenta como una inestimable amiga. La soberbia no apaciguará el dolor de los justos. La justicia es la abstracción del dictador.
Agazapado, duerme el martillo y tú no lo ves.
jueves, 29 de octubre de 2015
Diario de la pérdida y el deseo: 29 de Octubre. Recuerdo
...like our pain in the river...
PJ Harvey
Recuerdo algunas de las promesas que me hice cuando tenía quince años. Las recuerdo como fotografías de lo que pude llegar a ser y alguna vez quedó torcido en un cajón y olvidado.
Recuerdo los sueños cristalizados entre los cojines primorosos de mi cama.
Recuerdo que no me cortaban. Recuerdo ser inmortal.
Recuerdo tanto de mis quince años que por eso ahora me cuesta verme de otra manera que no fuese como si tuviese quince años.
Recuerdo el frío.
Prometer no cortarme nunca el pelo delante del espejo blanco de la casa con dos baños.
Verlo crecer en ese momento, cuando me miraba, desnuda, en ese espejo. Será raíz. Seré Sansón y mataré a Dalila.
Recuerdo todas las veces que, dentro de la bañera, imaginaba mi propia muerte. Fuera, estaban las balas, disparándose sobre mí sin poder matarme porque -recuerda- yo era inmortal.
Recuerdo apagar todas las luces del segundo piso, de una casa con nombre de dictador y tirarme en el suelo cuando me quedaba sola. Recuerdo el extraño tacto del parqué, desgastado, en mi espalda,
mientras imaginaba mil doscientas catástrofes distintas para que nunca regresaran.
Recuerdo querer ser madre sin hijo, sin marido.
Recuerdo el color negro de todas las prendas que entonces vestía. La cazadora Bike, el cigarrillo, el olor de tu zippo, el sabor del cigarrillo, la pena por lo que nunca tuve y nunca perdí.
Recuerdo esa impostura.
Recuerdo pensar "siempre vestiré de negro".
Recuerdo que entonces era inmortal.
Recuerdo el sonido que queda cuando todo estalla. El sabor de las lágrimas y la huida hacía cualquier sitio que fuera casa. Recuerdo decir: no quiero tener nunca algo que pueda llamar casa.
Recuerdo la sensación de inseguridad de levantarse una mañana de sábado y no saber por dónde llegarán las bombas.
Recuerdo el musgo de la casa de campo y recuerdo el olor de las riendas del caballo.
Las botas de goma, los guantes blancos, los vestidos desgarrados, las noches que no quería llegar a casa.
Recuerdo romper los recuerdos y, dos minutos más tarde, echarlos de menos.
Recuerdo que entonces era inmortal.
Recuerdo la noche, el metal, el grunge.
Recuerdo los portales y el sabor de la cerveza.
Recuerdo el peso de las botas.
Recuerdo que entonces era inmortal, tan inmortal como todas mis promesas y todas mis penas.
Ahora me miro delante de otro espejo, en otra calle, en otro piso. Tengo corto el pelo porque descubrí que, cuando una renace muchas veces, el pelo no se recupera de la pérdida de lo que fue y se, ahora lo sé, que ser inmortal está sobre valorado.
sábado, 26 de septiembre de 2015
Diario de la pérdida y el deseo: otoño, 26 de Septiembre
Con una hoja de castaño la agenda me avisa de que esta llegando, de que ha llegado el otoño. Las hojas secas, las castañas, los días húmedos y las ausencias.
El otoño es la estación del final, la estación del ocaso, la estación decadentista. El otoño es una relación necrófila en una sonata de fin de siglo. Y una relación mal resuelta entre una madre y una hija en un film de hace algunos años.
El otoño son unas botas katiuskas rojas dentro del polo verde de mi abuelo con olor a perro mojado. Es el umbral de la puerta por la que acceden las almas el día de las calabazas de sonrisas dentadas. Es el sabor a manzana, el ácido verde del mordisco. El regreso tranquilo al castigo divino de los días de agendas mercantilizados. Es el camino de Perséfone y el llanto de Demeter tiñiendo todo de su color favorito.
Naranjas, amarillos, marrones y la luz de caramelo del postre de la abuela.
Muertos a las espaldas como hojas secas que bailan al ritmo de la brisa del mar de la meseta. Bolsas de basura convertidas en fantasmas, ciclogénesis de esquinas.
Una falda escocesa, los cordones y una hoja de arce roja que escribe un haiku. El amor eterno a la japonesa, un "te estoy queriendo", como dice esa canción.
El tiempo busca el equilibro antes de que crezca Saturno. La balanza de la justicia contando los frutos del verano,
El otoño es el regreso a los bosques de tradiciones anteriores a los padres, anteriores al tiempo que cae de las esquinas de la agenda. Musgo trepando entre los nudos de las encinas y la nostalgia del mar que nos acoge en verano. Un circulo de hadas, eterno, eternamente bailando. Un circulo de brujas en medio de las setas.Eterno, como eternos sus conjuros que nos separan del tiempo y de su herida.
Dos urracas acompañan su llegada y el gato negro flaquito se ha roto una pata; dirá que está cayendo el frío.
Cisnes de lagos rojos que cuidan las hiedras donde duerme la primavera.
El otoño es la estación del final, la estación del ocaso, la estación decadentista. El otoño es una relación necrófila en una sonata de fin de siglo. Y una relación mal resuelta entre una madre y una hija en un film de hace algunos años.
El otoño son unas botas katiuskas rojas dentro del polo verde de mi abuelo con olor a perro mojado. Es el umbral de la puerta por la que acceden las almas el día de las calabazas de sonrisas dentadas. Es el sabor a manzana, el ácido verde del mordisco. El regreso tranquilo al castigo divino de los días de agendas mercantilizados. Es el camino de Perséfone y el llanto de Demeter tiñiendo todo de su color favorito.
Naranjas, amarillos, marrones y la luz de caramelo del postre de la abuela.
Muertos a las espaldas como hojas secas que bailan al ritmo de la brisa del mar de la meseta. Bolsas de basura convertidas en fantasmas, ciclogénesis de esquinas.
Una falda escocesa, los cordones y una hoja de arce roja que escribe un haiku. El amor eterno a la japonesa, un "te estoy queriendo", como dice esa canción.
El tiempo busca el equilibro antes de que crezca Saturno. La balanza de la justicia contando los frutos del verano,
El otoño es el regreso a los bosques de tradiciones anteriores a los padres, anteriores al tiempo que cae de las esquinas de la agenda. Musgo trepando entre los nudos de las encinas y la nostalgia del mar que nos acoge en verano. Un circulo de hadas, eterno, eternamente bailando. Un circulo de brujas en medio de las setas.Eterno, como eternos sus conjuros que nos separan del tiempo y de su herida.
Dos urracas acompañan su llegada y el gato negro flaquito se ha roto una pata; dirá que está cayendo el frío.
Cisnes de lagos rojos que cuidan las hiedras donde duerme la primavera.
domingo, 13 de septiembre de 2015
Diario de la pérdida y el deseo: Septiembre y el regreso.
...mundo aquel, del que tu habitación era el centro...
Cernuda
Estoy de vacaciones. O eso creo, porque en la actualidad, mi trabajo y mis vacaciones se diluyen. Busco información para mí y resuelvo algo del trabajo. Es la vida productiva sin límites y, supongo que te hace estar activa. Pero entre búsqueda y búsqueda me encuentro recordando una canción que ahora, con algo de vergüenza, confieso que me gustaba. Es una canción de Héroes del silencio. De adolescente, recuerdo que me gustaban y, en medio de una playa, completamente mediterránea, me he visto a mí en mi habitación de los quince y de los dieciséis y de los diecisiete, escuchando canciones de Héroes y de la Rosenvinge y leyendo, más bien devorando, Bukowski, la generación beat, Loriga y Prado. Leía más cosas, pero me ha venido esa yo. No otra sino esa, la de negro y ojeras, la del traje largo de punto a rayas marrones y negras y botas de sufragista, como llamaba mi abuela a las martens.
Ahora mismo, si me recuerdo sonrío con cierta displicencia para con mi yo anterior, esa yo que se diluye entre ésta que ahora la recuerda. Pero supongo que esto es hacerse mayor. Sonreír al pasado con cierta displicencia y conocer las yo diluidas en un sólo cuerpo, las yo que atraviesan los nervios, tendones, huesos, músculos de ahora.
Recuerdo aquella habitación como un templo, mi templo; donde huía de todo aquello que me dolía y que por entonces eran muchas cosas, eran muchas conversaciones. Eran esas cosas que duelen cuando eres adolescente, esas cosas que duelen a las adolescentes que desempeñamos el rol de raritas.
Recuerdo esa habitación, llena de todo lo que dolía y recuerdo también esa habitación de dos camas, una siempre vacía, llena de cosas que sanaban. Todo mi mundo cabía ahí dentro, mi mundo era esa habitación, esas cuatro esquinas, esas paredes con gotelé y el armario empotrado. Esa habitación donde un peluche gigante de pantera negra dormía de manera simbólica a los pies. Me regalaron ese peluche unas Navidades, no recuerdo por qué. No me gustaban los peluches, excepto uno que era un cocodrilo. Pero ahí estaba ese peluche gigante de color negro durmiendo a mis pies. Recuerdo también el color verde de las paredes -antes salmón-, una horrorosa colcha de rosas grandísimas, que decían ser elegantes, un secreter con tapete verde y dentro, las cartas de las amigas que me quedaron de un internado en Inglaterra.
Recuerdo los libros, los discos y las casettes. Una la cadena de música y el patio interior donde se combinaba el olor de suavizantes varios y el olor de todos los comedores escolares juntos.
Recuerdo los libros, los discos y las casettes. Una la cadena de música y el patio interior donde se combinaba el olor de suavizantes varios y el olor de todos los comedores escolares juntos.
No era enamoradiza, eso creo recordarlo bien. Algo que, como otras muchas cosas, ha variado. Entonces, recuerdo no serlo. Deseaba y todo lo tocaba con deseo.El deseo como forma de vida. Sentir que no se tiene suficiente era una parte de él y una parte de ser mi adolescente.
La habitación era el escondite para poder ser adolescente. La habitación era ser adolescente. Sus esquinas eran el límite de ser adolescente, ser adolescente era ser esquina. La habitación era el primer espacio que me propuse conquistar desde ese sentir. El primer espacio para decidir, decididamente ser yo, la adolescente. Un póster de Jim Morrison, las fotos, las colecciones de cosas pequeñas, cajas... Recuerdo esa sensación de entrar en casa esquivando a los padres y evitando sus preguntas, el pasillo. Casa era llegar intacta al dormitorio, casa era cerrar la puerta de la habitación para despertar a los dragones. Casa era poner la cadena, tirarse en la cama y leer el libro. Casa era, sobre todo, dar por ganado el día llegando solo con arañazos en las piernas.
domingo, 2 de agosto de 2015
Marquesina
Son las ocho de la tarde de un jueves. Las campanas de la catedral lo anuncian en un radio de no más de 100 metros. Es también, además de las ocho de un jueves, un jueves de otoño. Está empezando a llover y la gente que camina y que ha sacado paraguas, duda. Hay personas que dudan de manera casual, otras no piensan y lo abren, algunas tardan tiempo en darse cuenta de que llueve y las hay valientes.
Es una ciudad no muy grande. Una ciudad con sólo dos industrias importantes y un montón de campo alrededor. Cereal, un río y un canal obra del neoclasicismo.
Estamos en el centro, algo desplazados al norte y hay una rotonda característica de las ciudades dormitorio, de las ciudades donde se maneja más el coche que el paso. El tren de Valladolid ha llegado. M se baja. No lleva paraguas pero tiene un impermeable con capucha de color azul. Da clases en la Universidad de Filología Inglesa y tiene unos botines rojos. Acelera el paso. Aún tiene que coger el autobús urbano. Para llegar a la marquesina tiene que atravesar un parque con patos y un pequeño anfiteatro; pero antes de todo eso, se enciende un cigarrillo mientras inclina la cabeza ligeramente. En la marquesina solo hay otra persona pero detrás, debajo de los tejados que sobresalen, está lleno de gente. Sopesa las posibilidades: ponerse al lado de la persona que está sola o con el resto. Acompañar o pasar desapercibida. Decide acompañar. Los espacios comunes que en un momento determinado parecen pertenecer a alguien son conflictivos, por lo menos para M.
Entra en la marquesina. La otra persona lleva una cazadora vaquera dos tallas mas grandes, y una melena recogida de manera desorganizada. Cuando M entra, la chica de la cazadora dos tallas más grandes gira la cabeza y sonríe. A M no le gusta que sonrían en esos espacios fronteras como si te conocieran. M, además, siente inseguridad cuando pasan estas cosas. Un cartelito en letras rojas avisa de que el autobús llegará diez minutos tarde.
- Creo que hay problemas en la Cirular -murmura la persona con melena. M mira sin entender, mientras aquella mujer le enseña el móvil-. Me lo están diciendo.
- Ahhh -y sonríe para desquitarse-.
- ¿No sabes quién soy? -le interpela de repente aquella mujer con una sonrisa aún más grande que la primera-.
M empieza a sudar y mira detrás. El decidir acompañar tiene sus problemas. En ese momento, M ha decidido que no va a volverlo a hacer.
- M... -un gran silencio y un gesto que coloca las palmas hacia arriba-. ¿No te acuerdas de mí?
M pone algún tipo de cara que parezca saber de qué hablan: no, no me acuerdo...
- Soy la hermana de I.
Empieza observando que hay gestos que le recuerdan a alguien pero encoge los hombros.
- ¿Qué I?
- Tu ex.
M quiere que la tierra se abra de par en par, que lleguen unos extraterrestre que quieran abducir humanos o que un rayo caiga y fulmine ese momento. Espera unos segundos por si todo eso pasa. Sus esperanzas acaban en la alcantarilla que hay al lado de su botín rojo y lanza la pregunta con reservas.
- Eres P, ¿no?
Por su cabeza pasan todas las posibles conversaciones que se pueden haber dado en las películas, en los libros que ha leído, en las series; pero no hay documentación, y si la hay, no la está procesando adecuadamente.
- ¡Claro P!¡Cuánto tiempo!
- Siete años. Y ahora ¿dónde estas? ¿Te fuiste a EE.UU.?
- Aquí en Valladolid y sí, me fui un año pero volví.
- I no esta aquí y se ha casado. Vive en Sevilla.
- Ah... No lo sabía.
El autobús entra en la glorieta.
- Pero yo estoy aquí y... oye, estoy pensando que a lo mejor te interesa alguna de las reuniones que hacemos en un local. Somos un grupo de chicas...
P saca un boli del bolsillo y apunta su número de teléfono en la palma de M.
- Me voy. No te olvides de llamar y te pasas alguna tarde. Seguro que podemos hacer cosas.
En la marquesina entra otra mujer con los mismos zapatos rojos. M no quiere levantar la cabeza, no vaya a ser que tenga que volver a hablar.
sábado, 1 de agosto de 2015
Escenas
Ha caído la niebla y el mar esta lejos de los cuerpos que habitan este espacio. Es noviembre, siempre que se esta lejos del mar es noviembre. Noche blanca como el olvido. Hace frío, frío de niebla y el viento susurra en el idioma del miedo. Se oye una verja y las hojas golpeando en el cristal. Ella se ha despertado por uno de esos golpes en el cristal, ha sido un golpe de hielo en el espejo de la cama.
Nota el frío dentro del pecho, el frío, un suspiro.
Mira al lado izquierdo y no esta. Otra noche de insomnio. Tarda en decidir qué hacer. Despacio deja caer los pies al suelo. La uñas rojas chocan con el blanco lunático de la alfombra. Coge la sudadera. Respira y sabe que va a ir a su encuentro. Siente su insomnio en todo el espacio que ha quedado. Camina mientras los pies hablan con la madera. La luz del salón, está encendida y, ha puesto la chimenea. Oye el crepitar del fuego que ahora la parece ensordecedor. Baja por las escaleras despacio, intentando percibir el cuerpo que esta en el sofá, percibe su aliento desde el espacio que avanza. Esta leyendo. Observa la lectura del insomnio desde el umbral, ha sido un día demasiado largo como para que el sueño no venza al insomnio. Cuando se acerca, despacio, su mano rozara el pelo oscuro. Un beso en la mejilla. Va hacia la cocina, hierve agua y desde la cocina sigue observando su lectura y el fuego. Le ofrecerá una infusión y la aceptará. Después se deslizara despacio hacia el hueco que queda a su izquierda. Acurrucara su cuerpo contra el hueco del cuerpo que no duerme y leerá lo que lee la persona que no duermo. Despacio se acercara a su oído y en el susurro que acompaña una confesión pagana dirá:
-promete que nunca me lo harás.
Viento, crepitar y el sonido de las piernas que se cruzan. Un beso.
jueves, 30 de julio de 2015
AZUL
Y un azul intenso
caerá
sobre los ojos de quién le observamos
será nuestra penitencia
será nuestro destino
Y un azul intenso
terminará
a partir de
este segundo mismo
con todo lo que tenga vida
Azul contra más azul
el barco blanco
suspendido en el horizonte,
azul
Funde en amarillo
cuando el parpado
d e e s s s p a c i o
cierra el ojo
Puedo tocar el infinito
tocarlo con los dedos
puedo tocar el finito
tocarlo con los dedos
Se d i l u y e
Duermo en el VaiVen
azul
La frontera del tiempo
que mido con el segundero del muerto
la frontera del tiempo
que mido a modo de emoción
E X P A N D I D A
BIG BANG
azul tiñe mi cuerpo
azul que brilla con este sol
transparente
con este sol tan nuestro
con este sol de marmol clásico
azul que habla, murmura
en el mismo idioma
Canción con olor a
tomillo
hierbabuena
romero
el romero para tu ojal
hierbabuena para mi pelo
Azul
y todo
desaparece
con el sonido de este
chasquido
azul
medusas varadas en la orilla
que el niño no se acerque
azul
de casas blancas
y un burro
azul
y pongo otra vez
esa canción
azul
para acabar este poema
que huele a
sardinas
after sun
y
el sabor de la sal entre tus pliegues
caerá
sobre los ojos de quién le observamos
será nuestra penitencia
será nuestro destino
Y un azul intenso
terminará
a partir de
este segundo mismo
con todo lo que tenga vida
Azul contra más azul
el barco blanco
suspendido en el horizonte,
azul
Funde en amarillo
cuando el parpado
d e e s s s p a c i o
cierra el ojo
Puedo tocar el infinito
tocarlo con los dedos
puedo tocar el finito
tocarlo con los dedos
Se d i l u y e
Duermo en el VaiVen
azul
La frontera del tiempo
que mido con el segundero del muerto
la frontera del tiempo
que mido a modo de emoción
E X P A N D I D A
BIG BANG
azul tiñe mi cuerpo
azul que brilla con este sol
transparente
con este sol tan nuestro
con este sol de marmol clásico
azul que habla, murmura
en el mismo idioma
Canción con olor a
tomillo
hierbabuena
romero
el romero para tu ojal
hierbabuena para mi pelo
Azul
y todo
desaparece
con el sonido de este
chasquido
azul
medusas varadas en la orilla
que el niño no se acerque
azul
de casas blancas
y un burro
azul
y pongo otra vez
esa canción
azul
para acabar este poema
que huele a
sardinas
after sun
y
el sabor de la sal entre tus pliegues
domingo, 26 de julio de 2015
No voy a conseguir ser francesa
Es una noche de verano
hay vino blanco en la nevera y un perro
esperándote a la puerta.
No se como explicar
que la vida no cabe en una vida.
No tengo suficiente con una vida y mi vida
me gusta tanto que la elegiría otra vez
si no fuese
mía.
Insatisfacción burguesa
educación de clase alta
Hay una canción que habla de sueños caducados
como tetrabrics de leche
a veces
algunas veces
me siento como leche caducada en una nevera vacía
un lunes de madrugada
A veces
algunas veces
me siento como ese cuento
de la verja y la bata
tengo miedo a la normalidad
a esa atrocidad de normalidad
que me condena
a cortar las esquinas de mi agenda.
No tengo miedo
al futuro
tengo miedo
a los sueños que han caducado
como las esquinas de la agenda.
Tengo miedo
cariño
a dejar de creer
en lo reyes magos y,
la verdad,
no se donde meter
tanto sueño.
Los sueños
son leones asustados que están enseñando
los dientes.
Fauces.
Gato panza arriba.
Este espacio que elegiría
sin dudarlo
si no fuese ya
mio
me agota
He contado todos los sueños
todos los dientes de las fauces de los leones
ya no tengo 15
y no sé qué se siente a los 37.
He robado al tiempo, tiempo
para contar todos esos sueños
y son
agua entre los dedos
Dime qué hago
dónde quedaron
mis sueños,
los dientes de los leones
están congelados o caducados
La vida no cabe en una vida y
cariño
he de confesarte
que no voy a conseguir ser francesa.
hay vino blanco en la nevera y un perro
esperándote a la puerta.
No se como explicar
que la vida no cabe en una vida.
No tengo suficiente con una vida y mi vida
me gusta tanto que la elegiría otra vez
si no fuese
mía.
Insatisfacción burguesa
educación de clase alta
Hay una canción que habla de sueños caducados
como tetrabrics de leche
a veces
algunas veces
me siento como leche caducada en una nevera vacía
un lunes de madrugada
A veces
algunas veces
me siento como ese cuento
de la verja y la bata
tengo miedo a la normalidad
a esa atrocidad de normalidad
que me condena
a cortar las esquinas de mi agenda.
No tengo miedo
al futuro
tengo miedo
a los sueños que han caducado
como las esquinas de la agenda.
Tengo miedo
cariño
a dejar de creer
en lo reyes magos y,
la verdad,
no se donde meter
tanto sueño.
Los sueños
son leones asustados que están enseñando
los dientes.
Fauces.
Gato panza arriba.
Este espacio que elegiría
sin dudarlo
si no fuese ya
mio
me agota
He contado todos los sueños
todos los dientes de las fauces de los leones
ya no tengo 15
y no sé qué se siente a los 37.
He robado al tiempo, tiempo
para contar todos esos sueños
y son
agua entre los dedos
Dime qué hago
dónde quedaron
mis sueños,
los dientes de los leones
están congelados o caducados
La vida no cabe en una vida y
cariño
he de confesarte
que no voy a conseguir ser francesa.
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