viernes, 22 de marzo de 2013

Diario de la pérdida y el deseo: marzo, 22

Te susurro en una torpe mañana de primavera, en una mañana de marzo aún fría: buenos días, a m o r  y beso tu espalda desnuda.
No es abril todavía pero no queda mucho. Todas las canciones que conozco de abril hablan de una pérdida, de una de esas pérdidas adultas y burguesas que dejan ese sentimiento de vacío e insatisfacción. Tengo treinta y cinco y soy una burguesa precarizada con ese extraño sentimiento, que decidió prestarme A por unos días, sin tener claro qué es lo que perdí en el viaje que hago contigo y sin tener claro por qué me siento insatisfecha. Pero no es abril así que no hablaremos de pérdida. Aún es Marzo, pero hoy hace frío así que tampoco hablaré de  esos días de primavera brillantes y cálidos que adormecen los parpados y hacen estallar los almendros.
Leíamos a Bukowski cuando andábamos follando entre portales. Tengo uno de sus libros en la mano. Nos salvamos de dos naufragios que se escondían debajo del sofá con el monstruo de las pelusas, porque aún le teníamos miedo. Adormecíamos los miedos susurrándoles canciones de amor y pena; éramos así, éramos adolescentes promiscuxs. Andábamos también entre Lo peor de todo, Héroes, Caídos del cielo, unos testamentos que alguien traicionó, mujeres suicidas rubias y accidentes de coche para hombres que hablan de los rebeldes. Todo brillaba con ese extraño brillo que tienen las noches de borrachera, las noches de lluvia cálida.

Me gustabas tanto que no daba abasto. No quiero volver a quererte así, es una decisión adulta que sé que puede que no cumpla nunca.

Los días pasan más deprisa de lo que quisiera y el romero que plantamos en el balcón para los buenos augurios esta dando flores todo el año. ¡Mira!, ahora está en flor y se le ha quedado pequeña la maceta.
Suena el calentador del agua y la extraña melodía del vals que nos regalamos está suspendida entre estas cuatro paredes que llamamos casa. Ronroneamos como los gatos y confiamos en una extraña seguridad que es más inventada que real. Te quiero, pero a veces se me olvidan estás cosas. ¿Me quieres?
Me gustan más los reflejos que lo que hay detrás del espejo, así que puedes contarme una media mentira. Seré  adulta, seré madura y me la creeré. Te agarro de la mano y paseamos entre una ciudad que duerme al lado de un río con cuatro cisnes. Las parejas mixtas pasean por la misma orilla del río, se parecen tanto a nosotrxs que me asusta tanta normalidad. No quiero más paseos por la orilla dándonos la mano, y te susurro una verdad a medias que sea compatible con tu media mentira. Entre verdad y mentira, llegaremos a casa y desarmaremos tanta normalidad entre epiteliales, siliconas, salivas, músculos y gemidos aprendidos. Silenciosamente nos dormiremos nuevamente, semejándonos a las parejas que paseaban por ese río con cuatro cisnes. Tengo miedo a ser aquello que no soy, tengo miedo a caer irremediablemente en los brazos de la normalidad.

lunes, 18 de marzo de 2013

Cosas que hacer con el endometrio el día del padre

Creo que voy a matar al padre, de una manera muy freudiana. Creo que voy a matar al padre el día del padre, ofreciendo lo que aprendí en un FP de agricultura ecológica.

Voy a matar al padre y todo lo que el padre representa en la sociedad española y castiza en la que vivo. Ancho es el campo sembrado y he decidido que voy a matar al padre ofreciendo el dolor menstrual, porque es un dolor que le pertenece a él y a todos los hombres con pollas naturales, con pollas que quieren ser naturalizadas haciendo que muchos coños sufran dismenorrea.

Voy matar al padre. Voy a ofrecerle primero toda la sociedad tanática en la que nos hemos construido. Una sociedad donde prevalece el valor de la muerte frente al valor de la vida. Donde sale más a cuenta matar o dejar morir que salvaguardar y cuidar. Y con  todo lo que he aprendido en el FP de agricultura ecológica  de los hombres que trabajan la tierra, la aran y la penetran con maquinarias producto de evoluciones catastróficas, voy a matar al padre. Le araré y le penetraré con arado de doble vertedera. Es mi nuevo tantra.

Voy a matar al padre que educa sin respetar el pasado, ni el futuro; voy a matar al padre y, con el padre, a todos los padres.

Voy a matar al padre con el sistema de producción agrícola-ganadero, donde la vida dura cuatro años, los recién nacidos son sacrificados y los campos tienen que ser vírgenes, siendo ocupados solamente, por las semillas que el padre ha dejado con una sembradora hidráulica directa. Voy a utilizar la sembradora directa para perpetuar esta nueva especie. Él la incubará y la cuidará porque, como dice el padre, así han de ser las cosas.

Voy a matar al padre con el ciclo astral de las ovejas poliéstricas estacionales de fotoperíodo corto; con el ciclo astral de la vaca; voy a matar al padre con su estro, metaestro, diestro y proestro.

Voy a matar al padre con la placenta de los que nacen muertos, como si de un ritual de la Cienciología se tratase. Seré Tom Cruise travesti.

Voy a matar al padre con todas las imágenes científicas, y con todas las fotos científicas de úteros cientificados.

Voy a matar al padre con ciencia y a conciencia para salvaguardar todas las especies, todas las diferencias, todas las divergencias, todos los etcéteras.

Voy a matar al padre y voy a empezar por aquí, con  el calzoncillo manchado de endometrio de mi novix.


miércoles, 6 de marzo de 2013

Diario de la pérdida y el deseo; Marzo 5

A veces podrías ser cualquiera. A veces podría sustituirte por cualquiera que estuviese dentro de mi calendario pirelli personal. Por cualquiera de esxs en lxs que nadie piensa cuando piensa en el cajón desastre qué es ser mujer. No lo puedo evitar. Sé que lo haría, a veces, con cualquiera que se pareciese al reflejo de lo que eres. Lo haría sin cargo de conciencia, sin remordimiento pequeño burgués; en un baño, en nuestra cama, en un hotel  AC cualquiera de cualquier ciudad oscura con un montón de mujeres viudas que celebran el día de la mujer trabajadora con abrigos de piel color camel.
A veces te cambiaría por cualquiera de esxs butch, de esxs Tomboy, de esxs garrulxs poligonerxs cuatro por cuatro o por cualquiera de esxs mamarachxs que se travisten de mujer para reírse de ellas, de las mujeres viudas de abrigos de piel color camel. Lxs mamarrachxs poseen esa característica prohibida para cualquiera que haya nacido con el sexo mujer y quiera tener el género mujer, eso me resulta atractivo. 
No tengo criterio ante esas poses, no tengo elección. Ante esos cuerpos solo soy un montón de hormonas adolescentes que abren mucho el coño. Pornografía.

No puedo dejar de desear aquello que me recuerda a ti y, además, no me importa desearlo de esa manera tan marica, tan irracional, tan destroyer, tan superficial y objetualizable.
Lo siento pero soy así. Lo haría con cualquiera que llevase corbata, zapatos de cordones y un montón de testosterona química. Lo haría con cualquiera que llevase prótesis para hacer ostentación de su masculinidad. Me desarman, me vuelvo vulnerable y no me importa lo más mínimo. Puedo ser violenta e incluso incomoda. Lo sé, pero no puedo evitarlo, tengo ese carácter a lo Brian Kinney, con dos tetas, un coño y abusivo pintalabios rojo. 
Mi homenaje al día de la mujer es trabajarme un polvo con una butch, es la única manera que entiendo para homenajear el día de la mujer. Pensar en echar un polvo con alguien que me mira de medio lado desde la barra de un bar de ambiente con música de fondo pasada de moda y olor a ambientador de fresa. Echar un polvo mientras pido un tequila para tragarme el miedo al rechazo, mientras abuso de mi condición de exageración de lo femenino. Un polvo entre conversaciones banales, que lo único que quieren es descubrir la manera para poder llevarlxs a la cama sin mucha complicación y melodrama, sin mucho amor, sin mucha poesía. Despacio, eso si, para saborear el momento en que se van bajando las voces para rozar la piel del lóbulo de la oreja. Despacio para saborear mi narcisismo enfocado a convertirme en el objeto que deseas, despacio para saborear mi fetichismo sobre cada cosa, cada prótesis que utilizas para marcar un género que no te pertenece. Despacio para observar el color de la goma de los calzoncillos y poderte poner la mano en el paquete diciéndote qué es lo que quiero. Abusar del poder que nunca he tenido me pone bastante. Sentir que mi precio en el mercado puede bajar en función de la cantidad de alcohol y en función de lo que me ponga cualquier persona que no seas tú, pero se parezca a ti y me folle de esa manera. Sentir que el objeto objetualiza convirtiendo lo que observa en fetichismo pornográfico me pone, me pone mucho. Y me recreo a veces cuando voy en el coche y sale esa canción, con unx tú fotografiadx en mi cabeza de manera completamente pornográfica, y con otrxs que brillan como tú. Soy simple, pero encontrar el deseo y hacerlo mio me costó. Despacio también me gustaría mentirte, decirte que soy delicada y sofisticada, que me parezco a cualquiera con la que alguna vez hayas querido follar y no hayas podido. Despacio te puedo vender el cuento del príncipe y la princesa que comen perdices, lo puedo hacer despacio con conciencia y después, al día siguiente, decirte que todo esto era mentira y quedar con palabra de caballero, mientras me visto y observo tu espalda. La espalda, que ha sido surcada por mis dedos y mi lengua.
Despacio te puedo decir que es un cuento trágico, que tiene un final triste, te lo puedo decir muy despacio, para intentar convencerte de que queremos echar un polvo. Pero el final será siempre el mismo, te cambiare por cualquiera que se parezca a otra tú, te cambiare por el reflejo de cualquiera que me folle como tú, y al día siguiente, sin mucho afán, sin mucho entusiasmo me levantaré sin hacer ruido (es para lo único que me puedo comportar como una señorita en estos casos), me vestiré y llegaré a un acuerdo contigo, conmigo, para seguir buscándote incansablemente, insaciablemente en cualquiera que se parezca a ti, porque en el fondo soy una romántica sentimental.

jueves, 28 de febrero de 2013

Pelo Público: aproximaciones a una bio-iconografía de la cabellera

Creo que B se enamoró de mis ganas de ser rubia. Cuando nos conocimos era morena y con el tiempo me he hecho pelirroja. Pero B se enamoró de mis ganas de ser rubia y de tener los paletos ligeramente separados. No soy rubia y tengo una mordedura lateral que además va unida a tensión en la mandíbula y bloqueo de la misma, sobretodo si succiono demasiado o mastico chicle o me muerdo las uñas. Las tres cosas me gustan especialmente.

No soy Vanessa Paradis pero B tampoco se parece a Lenny Kravitz. Quizás, si algo a Johnny Deep pero porque Johnny Deep está a caballo entre bollera y marica. Tiene ese tipo de personalidad de limite, o vende esa personalidad limite que encaja para ser cualquiera de las dos cosas.
Hace poco fue San Valentínn y el Papa dijo que se jubilaba. En realidad las dos cosas no cambiaron casi  nada de mi rutina diaria. Y, de cambiarla, San Valentín lo hizo algo más que el Papa. 
B, que no se parece a Lenny Kravitz, hizo sushi y yo decidí beber un rioja de reserva que me regaló mi madre y que hizo que acabara dormida en el sofá como una osa que hiberna. Eso es lo que hizo San Valentín. Eso y una funda para la tablet.
El caso es que yo no soy Vanessa Paradis y B no es Lenny Kravitz, pero B se enamoró de que quisiera ser Paradis y yo me enamoré de que no quisiera ser Kravitz.

Ahora B pasa de las rubias y yo sigo pasando de Kravitz, y de querer ser rubia, pero duró lo suficiente como para que sea señalable en mi vida y dé nombre a esto que se va haciendo.
¿Por qué elegí ser rubia y no pelirroja o castaña? Pues no lo tengo muy claro. En realidad mis referencias eran morenas mayoritariamente, que se relaciona con la construcción de los conceptos de  una belleza o bien racial o bien natural-real, sin tener muy claro si estás dos bellezas, la racial y la natural-real, se unen intrínsecamente, entendiendo lo racial como algo anteriormente a lo occidental, algo anterior al desarrollo y relacionando, por tanto, racial con primitivo o pre-revolución industrial y no occidental.
Si me pongo a pensar y lo analizo con la perspectiva del polvo que genera el tiempo, ser rubia es encajar en unos conceptos de feminidad. Leyendo, he descubierto que la fascinación por la melenas rubias también era señalable en las mujeres venecianas del S.XVI, donde la mayoría de las mujeres -me imagino, que de clase acomodada, esto último es lo que nunca se menciona en algunos ensayos feministas o históricos, la historia se cuenta desde los que detentan el poder; al igual que tampoco se menciona la realidad lésbica de muchas de las teóricas feministas, invisibilizándolas- y según cuenta Cesare Vecellio y recoge Bornay, se teñían el pelo de rubio y dejaban palidecer su rostro para ser una especie de  Dona Áurea, una imitación a la virgen.

Es evidente que, entre la icografía femenina, hablar de cabellos rubios es hablar de belleza, unas veces frágil y otras misteriosa, pero esto llegará con Hollywood y su star system. Además, la creencia de que el rubio suaviza los rasgos está muy extendida, lo que no tengo muy claro es a qué se refieren con suavizar; porque el por qué hay qué suavizarlos, me queda relativamente claro: hay que suavizarlos en relación a que la mujer ha de ser y poseer una belleza tranquila. Y tranquila, es evidente, que es la virgen-venus sobre la que se establece toda una gran iconografía femenina y que, a día de hoy, algunas seguimos padeciendo. Como ejemplo de esta tradición y de todo lo que esta tradición significa, entre ellas la normativización de la estética, es interesante el trabajo de Rubias para el bicentenario de Disidencia sexual, que mantiene con el texto: 
Hacerse rubia no es difícil, lo difícil es dejar de ser negra.
Ahora mi cabello es rojo, como el de la zorra, como el de la mascota que tengo. Supongo que, como algún psicoanalista dirá, será para llamar la atención por falta de falo. Con ello me pronuncio como aquello que es malo o demoníaco. Esta vez, y abusando de mi insano fetichismo y narcisismo, me maquillo de pelirroja para marcar lo que se esconde, lo que no se nombra, lo que molesta.



jueves, 24 de enero de 2013

De la ficción y la realidad...

En el recuerdo, sea voluntario o involuntario, siempre hay algo de ficción y siempre hay algo de literatura; y es esa literatura, la ficción que elegimos, la que nos construye.

La culpa de lo que voy a escribir la tienen Los Reyes Magos, una niña de dos años y medio, una película de un tigre y niño con fe y el recuerdo de alguien que estuvo conmigo el tiempo suficiente como para decir que me conocía un poco.
Empezaré por decir que soy atea  y que, como buen atea, practico mi fe en el ateísmo estudiando sobre las creencias de los demás y lo que esas creencias construyen. Así que unir el recuerdo, la fe, la ficción y la verdad en un texto puede que me resulte, si no hercúleo, sí muy difícil.
Me he construido como la niña que descubrió relativamente pronto que los reyes eran los padres y que la magia no existe; que la ficción y la magia solo pueden ser verosímiles en las lineas de los libros y esto, unido a una fuerte tendencia a la mitopoiesis, creó un ser con gran capacidad de frustración y de pena, sobre todo, de una inmensa pena.

Recuerdo que el alguien que estuvo conmigo el tiempo suficiente me contaba cuentos, cuentos de corte muy realista y muy español, entre ellos El Quijote, y eso me generó el sentimiento constante de pérdida. Pérdida porque tenia una continua propensión a dudar de la fantasía y a saber que nunca iba a poder ver gigantes cuando había molinos y que nunca iba a descubrir un gnomo en un árbol, ni un pitufo en una seta roja. Aprendí que algo verosímil no tiene por qué ser real y que es mucho más interesante la mentira que la verdad, mostrando un interés nulo hacia la verdad y depositando todo mi entusiasmo en libros, cuentos e historias. Descubrí el placer de la historia y descubrí el placer de que en la narración de la ficción-historia, siempre nos dejamos algo de nosotrxs por muy poco real que sea el relato que nos cuentan.
Descubrí que en lo que consideramos que es real, hay filtro; que, igual que la cebolla, lo real tiene infinitas capas, así que lo interesante empezó a ser la manera en que la gente expresaba su sensibilidad, la manera en que expresamos el tacto de las cosas que tocamos, en vez del tacto mismo, que me resulta bastante primitivo. Creé un entorno de virtualidad como diría Pierre Lèvy en su ensayo sobre qué es lo virtual (entendiéndolo como posibilidad o proyección) y en el cómo te cuentan los acontecimientos descubrí el ronroneo de mi propio pensamiento y la identificación de lo contado.

Ahora bien, entendiendo que esto es una extraña digresión para intentar explicar, en cierta medida, el lugar desde el que me proyecto como voz que ahora narra, y parece que sigue sin tener sentido aquello que decía al principio de la niña de dos años, el tigre y el contador de historias. Iré poco a poco despedazándolo o pelándolo o simplemente cosiéndolo.

El día de Nochenuena, la niña de dos años se entusiasmó con Papá Nöel porque se me ocurrió la extraña idea de mandarle una carta por la mañana, como si el mismo Papá Nöel fuese el escritor de dicho texto. La razón por la que lo hice es sencilla: una extraña necesidad de intentar recordar esa capacidad de creer en la magia, en la magia entendida como un estado anterior a comprender la realidad causa-efecto, a entender la verosimilitud de la ficción como si eso fuese real, y fue a través de ella donde sentí esa extraña emoción de recordar y de sentir lo que es creer en la ficción, lo que es creer en los cuentos sin tener en cuenta su procedencia. Para ella, Papá Nöel es tan real como lo es para mí mi mano o los anillos que llevo en ella, pensando durante todas las Navidades que Papa Nöel, podía ir a visitarla y tomarse un café en su casa. A eso creo que se le puede llamar fe; a que ella sienta que eso es real; que es verdad, y construye una historia alrededor de eso con repeticiones de palabras y ojos como platos.
Entonces empecé un debate interior en el cómo nos construimos con los recuerdos y con las ficciones que nos hemos creído. Recuerdos que caminan entre lo real y la ficción y que deformamos o formamos en la medida en que los hemos construido y cómo esos recuerdos, mejor dicho, cómo eso que hemos construido con un acontecimiento o sin acontecimiento previo -en este último caso lo llamamos educación sentimental- condiciona o soluciona acontecimientos futuros, condiciona nuestro tacto, nuestro gusto y nuestra visión, porque los sentidos los procesamos a través del pensamiento y el pensamiento es un pensamiento en castellano, con las palabras conocidas, con las palabras que conocemos y en los vínculos que hacemos, en los extraños recovecos, creamos nuestro entorno y nos unimos con él. Es cierto que a veces la historia que contamos a lxs demás, la experiencia que narramos a lxs demás, puede resultar alejada de la realidad, de lo que las demás visiones ven de nosotrxs mismxs; entonces encontramos a lo que llamamos unx mentirosx a través de cuyas mentiras vislumbramos su propia personalidad, e incluso, a través del juicio que nosotrxs proponemos, decimos algo de nosotrxs. 

Pero entre digresiones, compañeras de discurso, vuelvo ahora al niño y el tigre. La película de La vida de Pi, una película comercial que se forma en torno a una alegoría y que me resulta un poco magufada y un poco, por qué no decirlo, adoctrinadora. Lo que me queda de la película -y he de decir que no es poco- es que uno elige una historia para contar su vida, para contar aquello que le acontece y que esa historia, para desgracia del narrador/a-viviente, necesita tener conexión entre cada uno de los nudos y desenlaces que ocurren todos los días y que es necesario que estén conectados o subordinados al narrador/a-viviviente con vínculos creíbles y fuertes. Me llama la atención cuando se sataniza lo virtual, las redes sociales, una cierta parte de la tecnología, que facilita o no vivir, no otras vidas necesariamente, sino otras combinaciones de vidas posibles para uno mismx y recrea o crea una virtualización de lo vivido. No estoy abogando por lo que dice Sheldom Cooper de convertirnos en Robots, en cyborgs, pero si que creo que vivimos en un mundo lo suficientemente ficcional, lo suficientemente irreal, lo suficientemente cyborg, como para abogar por conceptos como 'natural' o como 'real' o incluso como 'verdad' o 'autenticidad', desde un punto de vista superficial; superficial en la medida de utilizar frases, palabras cajón desastre, sin ser conscientes de todo lo que esa virtualización genera, tanto positivo, como negativo; y entendiendo que la virtualización puede ser producto y generadora, a su vez, de productos y subproductos.

Parece que en este discurso acabaríamos en un discurso posmodernista, donde todas las opiniones pueden ser válidas. Pero el problema es la validez, no se sabe quién la mide. Es cierto que todo esto nos ha dejado huérfanxs y suspendidxs en un territorio de irrealidad, que resulta difícil entender y salir de él; por ello, en vez de establecer discursos absolutistas sobre las redes, sobre la ficción, sea más interesante saber el cómo, el por qué, el para quién.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Diario de la pérdida y el deseo; Sobre anuncios

Llegan las Navidades y con ellas una retahíla de anuncios de colonias, chocolates y juguetes para espabilar nuestro deseo y nuestra lascivia hasta el paroxismo y hacernos deseantes de aquello que el plasma nos enseña, convirtiéndonos en seres fetichistas durante unas cuantas semanas, depositando en ese deseo sobre la mercancía, las expectativas de lo que se parecen a los sueños.
Yo, por de pronto, quiero un reno con una nariz roja y que vuele por los aires y eso, hasta ahora, nadie me lo ha ofrecido.

Dejando a un lado especulaciones sobre la demanda, el deseo y la oferta, me han llamado la atención dos anuncios muy distintos (tanto por la "mercancía" de lo que anuncian como por la estética, evidentemente adaptada a esa "mercancía") que a mi se me han antojado parecidos y con el mismo trasfondo, del que estoy entre harta y hastiada.

El primero es el anuncio de Stop a la violencia de género. En este caso pone la cara Imanol Arias que reza con la frase Si la maltratas a ella me maltratas a mí. Claro, el "mí", es el rostro de un hombre varonil, lo que hace que la violencia de género sea doblemente violenta pues sigue confiando en la figura del hombre príncipe que te va a salvar, desposeyendo a la mujer de recursos para empoderarse, frustrándola doblemente al no darle la posibilidad de una respuesta violenta ante la violencia ejercida desde la cuna del género. Es decir, para que una mujer salga de la violencia de género necesita a un hombre concienciado. Sería un digresión muy larga, pero hemos convertido las emociones en mercancías canjeables, en productos que pueden ser vendidos y necesitan de un comprador, y entre la emoción-mercancía y el comprador tiene que haber una identificación que se ha formado con un discurso completamente mainstream.
 El otro es un anuncio que han decidido llamar revolucionario porque utilizan a un Brad Pitt -con barba de tres días y pose de aventurero sensible-  hablando de un perfume que utiliza una "ella", que resulta ser ineludible, como una marca, como una presencia que no desaparece y que permanece en la memoria, en el recuerdo. He de confesar que el texto me gusta, el ritmo, la voz en inglés -que siempre me ha resultado exageradamente sexy-,  pero el conjunto del anuncio no. El anuncio ha decidido que el hombre -eterno presente en la vida de las mujeres- ocupe también su lugar en el espacio del anuncio femenino, siendo el protagonista y relegando a la mujer, objeto del anuncio, a esa marca ineludible que ella tiene que dejar en el hombre. Es decir, la mujer objeto anunciante de fragancias femeninas ha sido sustituida por un hombre activo deseante de la mujer objeto de cualquier anuncio de colonia y que lleva un discurso enterito en masculino con un nosotros continuamos.

Si además el hombre lleva pose de sensible y aventurero mucho mejor, porque así la historia que venden es la del amor frustrado, no conquistado. Es decir, el mito del amor romántico que no come perdices. Un amor muy del gusto de escritores del S.XIX como Baudelaire u obras como una maltratada Madame Bovary o Ana Karenina.

Es cierto que el hombre en los perfumes femeninos siempre suele estar, como nombrado o como innombrado pero latente (la mujer objeto de anuncio de colonia es objeto para alguien, la fragancia la objetualiza para ese alguien y en ese alguien siempre colocamos un ojo-hombre), porque entendemos que los perfumes, en su mayoría sirven para el flirteo amoroso-sexual y este flirteo siempre es heterosexual, excluyendo así a cualquier deseantx que no encaje en deseo heterosexual.  
De hecho el anuncio de Brad Pitt hace referencia o recoge el testigo del anuncio de Keira Knightley   para la misma casa, donde una aventurera motorista se lía con un fotógrafo que parece quedarse prendado y ese fotógrafo, entonces joven, es el madurito interesante Brad en este novedoso anuncio.
Es decir, en los dos anuncios, la mujer pierde espacio para cederlo a los hombres, volviendo así a la imagen de la mujer en el espacio de lo íntimo y de lo no público, porque para lo público ya están los hombres; bien el hombre príncipe salvador o bien el príncipe aventurero que la dejó escapar para que otro la protegiese y quisiera y salvara, porque era una fierecilla al más puro estilo shakespeariano.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Diario de la pérdida y el deseo: Diciembre

Has pasado cuando el coche estaba parado en un semáforo, era un día de esos de niebla densa. Te he reconocido, como si de un ente se tratase, te he reconocido a pesar de no ser  ya la persona que yo conocí. Me he sentido con cierta vergüenza, te traté tan mal. Siempre que me acuerdo de ti paso vergüenza por mi y por lo que te hice. Si dijera que no era mi intención hacerte daño te estaría mintiendo de manera cruel y sin vergüenza. Me gustabas pero no tenia ninguna intención de darte aquello que tú querías. Sólo quería dejarte en ese standby que me hacia sentirme fuerte y extrañamente sexy.
Lo siento, es algo tarde pero en mi defensa -si es que tiene defensa el jugar libremente con alguien, sin firmar un contrato para que me dejases hacerte daño- diré que me gustabas mucho, que me ponías mucho, pero yo andaba trasteando con otrxs y tú eras el segundo plato, el mismo segundo plato del que yo venía.  Me convertí sin esfuerzo en aquello de lo que andaba huyendo, pero de verdad que me gustabas, incluso pensé en liarme  de manera habitual contigo, pensé en que era posible que pudiéramos tener algo juntxs y ser felices con ello.
Recuerdo tu olor a cuero mojado, el olor a tabaco picado, a la colonia de tu hermano, tu pose interesante hacia dentro. Una fortificación imposible de conquistar y yo sólo quería conquistarla con un standby. Lo siento, y sobre todo lo siento por mí. 
No sé por qué extrañas circunstancias el que sufre se convierte en dador de sufrimiento sin quererlo y sin complicación alguna; no sé en qué momento pude parar el rol que empezaba a desempeñar, pero me hacia sentir tan fuerte, me hacia sentir tan sexy, que me costaba dejarlo. No calculé los daños colaterales, lo reconozco, y el campo de batalla fue mi cuerpo, fue tu cuerpo y los bares a altas horas de la noche. Lo siento, no soy un buen soldado y tampoco soy un buen capitán. Lo sé porque te diste cuenta de mi trampa y te diste cuenta de que andada manipulándote para seguir dejándote en ese standby. No se me dio bien el papel de femme fatal y mira que lo intenté con todas mis fuerzas. Intenté apropiarme de lo inapropiado a través de ti, y lo hice tan mal que te diste cuenta y simplemente me convertí en una mamarracha con labios rojos de femme fatal que aún sigo llevando.
Te diré que me he construido después de las estupideces que hice contigo, porque hice unas cuantas, pero sé que si me vuelve a pasar, puede que  vuelva a hacer daño,  puede que vuelva a intentar sentirme fuerte y sexy aunque sea gracias a otrx tú, y yo venga de volver  a ser el segundo plato de otro alguien. Después, eso sí que intentaré hacerlo mejor -en el fondo es de lo que más me arrepiento- pediré disculpas por ser a veces así, por ser  a veces cruel y manipuladora y estaré a la disposición de la persona que las pida, e incluso aceptaré, que no quieran admitir mis disculpas y me volveré a construir con aquello que me avergüenza y con aquello que no me gusta de mi, porque sé que la luna tiene siempre dos caras.