jueves, 12 de diciembre de 2013

Diario de la pérdida y el deseo; 12 diciembre

Son las cinco de la tarde, como en esa elegía, y voy conduciendo por tierras yertas con esa luz azul y de membrillo que tiene esta época del año. No han bajado las nubes a besar la tierra, está atardeciendo y sigo conduciendo. Huele a grasa podrida, la grasa que se cayó en la esterilla del coche la noche del viernes. Beuys sabría qué hacer con ello. 

Respiro. Últimamente me falta el aire; últimamente parece que respirar cuesta tanto como levantarse de la cama; como levantarse del entrelazado que forman nuestras piernas. Vuelvo a respirar, tomo conciencia de que respiro, pero el olor me provoca nauseas así que abro la ventana y noto el hielo cortarme la cara y mover mi pelo. Está demasiado largo. Vuelvo a respirar y sigo conduciendo. Pienso en un montón de cosas. Pienso sobre todo en respirar y en ir poco a poco desapareciendo como el gato de Chesire, como la  luna menguante, como desaparecen los sueños cuando pasas de treinta y cinco años. Todo caducado, todo tan inerte como este campo de diciembre. 

Vuelvo a respirar. Respirar me agarra a la matriz de mi propio cuerpo; me agarra a la pelvis, que es de las pocas cosas que me retienen en este espacio, en esta imagen tan llena de nada, porque la nada ocupa mucho más espacio que el todo.
Respiro y me imagino cómo van desapareciendo mis pies, los tobillos, las piernas. Respiro y, al desaparecer, desaparece el espacio que he ocupado, me condeno despacio al olvido. El olvido me resulta más reconfortante que sujetarme a la raíz, que sujetarme a la respiración. El olvido está lleno de cosas pero nadie puede verlas, nadie puede contarlas y nadie puede echarlas en falta. El olvido es el espacio infinito en el que quiero estar. No quiero dejar nada de mí en ningún otro lado; no quiero que nadie pueda utilizar el recuerdo para traerme a este lugar en el que no quiero estar. Me imagino cómo desaparecen mis cosas del armario de la derecha. Van desapareciendo poco a poco, despacio, sin dolor y sin pena, como esos botones que se desprenden y nadie se da cuenta de que se han perdido. Desaparecer y tú ni si quiera te das cuenta y empiezas a dejar de echar de menos todo aquello que me une a ti, todo aquello que no me deja participar de ese espacio donde habita el olvido. No hay raíz, no hay cuerpo, solo un difuminado éter. Desaparecer sin pena ni gloria, desprenderme de todo tan despacio que casi no me pueda dar cuenta para que no duela, para que no moleste. Desprenderme de todxs y que todxs se desprendan de mí. Una especie de exosfera lumínica. Que el único recuerdo de mí caiga en los hombros de una mujer de noventa años con alzehimer. 
Respirar para ser nada.

Respirar despacio mientras cierro la ventana del coche y dejo que el olvido duerma cerca de la grasa podrida de la esterilla del coche para recogerlo cuando salga de trabajar.

R E S p i r o

jueves, 21 de noviembre de 2013

El hogar de la mujer barbuda

"Tú cargarás con mi pena." Cristina Rosenvinge

"One should always play fairly when one has the winning cards." O.Wilde

No abarco con todo lo que tengo y no encuentro a nadie para regalarle mi pena. No es una pena muy grande, creo que es de tamaño medio -es decir, un tamaño que abarquen mis manos, 20 centímetros desde la base de la mano hasta el dedo corazón- y está hecha con todo lo que escupe la gente hetero por su boca pensando que es muy educada y que hace una gran labor humanitaria. Me abruma tanta solidararidad y tanta política correcta, por no decir que me estomaga y me resulta tan superficial como la grasa que queda encima de la taza de té que me estoy tomando ahora mismo.

Es una pena que se origina, según parece, en lo que se llama decepción adulta o madura, algo que queda más francés de lo que es, en realidad. No lo tengo muy claro porque me cuesta ver las macroestructuras de cualquier cosa. He de decir que estoy trabajando en ello, aunque espero que no como el fantástico Papá-Gobierno en la crisis.

Estoy cansada de la precariedad emocional de aquellas que se ponen enfrente de mí y me intentan convencer, a modo de policías de psicología new age, de que soy yo la que excedo la emoción, después de haber sufrido cuatro abusos que pueden ser etiquetados, nombrados y que forman parte de esta sociedad heteropatriarcal. Después de que cierren tu espacio de movimiento, despistadamente, por detrás, como si te intentasen encular torpemente (y mira que me ponen el sexo anal y todas sus políticas), y  después te preguntan cosas que les resultan exóticas para que, por enésima vez sigan sin entenderlas, sabiendo que no tienes que explicárselas.

Hasta donde yo he llegado he tenido un camino que nadie me ha contado y que yo solita me he fraguado, inventado y reinventado, a golpe de polvo en las rodillas y tierra en los zapatos; a golpe de poner cuerpo leído desde vuestras miras tan cortas. Porque es cierto. No abarcáis todo lo que no es vosotras, no lo entendéis y nos mantenéis como la mujer barbuda en un escaparate, una excentricidad  para copiar todo lo que os resulta tan exótico, tan post-post, tan bizarro. Nos copiáis que nos llamemos perras, y que disfrutemos del sexo de manera libre y sin el oscuro mundo de vuestra jodida maternidad; os apuntáis en vuestras filas personajes que son de las nuestras y de una manera descuidada leéis de ellas sólo lo que os interesa para que nada dañe vuestras causas. 

Pequeños abusos que se entretejen entre las relaciones en las que las demás (heteros) marcan siempre las pautas y que te resultan adversas siempre, porque todo lo que tú seas, desde donde tú decidas, tu voz y tu grito y tu susurro y tu silencio, siempre son menos cualquier cosa que los suyos, o se lo apropian como suyo, despolitizándolo en sus cuerpos, en sus gestos, convirtiendo lo tuyo en algún tipo de jodida represión pseudofeudiana (patologización) de alguna jodida carencia familiar que crea nuestra historia desde el punto en que vosotras nos dejáis crearla. No entendeís una mierda porque entender algo diferente a lo vuestro siempre va a poner en duda lo vuestro, todos esos cimientos que creéis que ponéis en entredicho con tres jodidos talleres de FEMINISMO INSTITUCIONAL. Prótesis que entendéis como naturales, como extraños conceptos de naturalidad, cuando esa la perdimos en el momento en que nos nombramos en un grupo, dentro de un grupo y para un grupo. 

Pequeños abusos que van calando, como la niebla en los huesos, en la piel, y que producen barreras infranqueables, diques de cómoda contención para vosotras sobre todas nuestras políticas, sobre todas nuestras construcciones.

Sonríes cuando te pilla el día sensible, haces muecas, pones caras y sigues teniendo que comer su mierda hetero sin saber cómo deglutirla. Mainstream de un mundo regurjitado hasta el infinito. Máquinas que comen y cagan sin saber de qué coño va todo esto (como El antiedipo de Guattari y Deleuze); pero eso sí, muy correctos, muy educados, muy hegemónicos. Porque tú eres su puto mono de feria y mientras les diviertes otro abuso más, esta vez sobre tu novio, que es una niña muy guapa. Viva la infantilización de nuestras sexualidades y jódete si te jode porque eres una exagerada que desborda demasiada emotividad mientras sonríes ya con mueca y sin cuchillo. El cuchillo es para que, por un segundo, vean el mundo desde quien está fuera del grupo; desde la que esta fuera del grupo, donde no hay comodidad. No hay paz en vuestros espacios, no hay respeto en vuestros entornos, no hay hogar para la gente como nosotras en vuestros hogares, pero sabemos agruparnos, como las ratas, como las perras callejeras, como las cucarachas. Y entonces tendremos cuchillos y botas con puntas de acero y tanques que sólo utilizaremos para la guerra fría, nuestra guerra fría para que, durante dos segundos, no haya hogar para nadie, no haya paz para nadie, y podamos construir desde las ruinas, desde el límite, desde la frontera.





viernes, 25 de octubre de 2013

Te quiero morder el cuello.

No sé muy bien por qué pero siempre me han resultado interesantes y excitantes las personalidades de lxs malxs. Siempre he tenido curiosidad por ello, entendiendo que estás personalidades sirven para actuar como controladoras de lo correcto y lo incorrecto, son las encargadas de denunciar aquello que no encaje en la costumbre y de explicar las pasiones más oscuras del individuo, actuando, al igual que lo hacen los cuentos, el pecado o la medicina, como poderes coercitivos que acaban de una u otra manera, a veces más mítica, a veces más científica, sanando. Se utiliza el miedo a lo monstruoso como contención, como creación de moral o de ética y se llega a un acuerdo entre todos. 
Aunque creo que detrás de cada malo hay un miedo social a alcanzar un poco más de libertad individual.

Después de esta pequeña explicación, voy a intentar revisar mi propia mitología del cuento e intentar entender que todxs, en algún momento, somos alguno de esos seres y que gracias a que todxs a veces somo unos de esos seres, reseteamos nuestro propio yo y nuestra percepción del mundo para poder entendernos como crisoles y no como estancos (tengo dudas sobre la ontología del ser que aún no han sido resueltas), entendiendo al personaje no apropiado del cuento y poder con ello tener más lucidez sobre nosotrxs y nuestro entorno. Soy consciente de que estoy muy cómoda entre la mierda y es más, me siento segura entre ella de una extraña manera y eso, a su vez, condiciona mi discurso. Suelo buscar el límite de esos personajes de morales sospechosas y dudosas intenciones, sorprendiéndome a mí misma pensando en lo mucho que tengo del malo. Por supuesto, eso no se confiesa y aunque estemos en Halloween, mi disfraz va a decir de mí solo una parte y no todo.

Empezaré con la figura del vampiro. Me disfrazo de hombre vampiro, no me gustan las vampiresas. Prefiero pantalones, botines acordonados, camisas y levitas de terciopelo granate. Además, mi deseo encaja más con el cazador que supone el vampiro, encarnado en Drácula, que con la cazadora que supone la vampiresa.
Me confieso una admiradora del mito, que no de la novela de Stoker (escrita a modo epistolar me resulta, como me ocurrió con Amistades peligrosas, un coñazo), y de sus múltiples adaptaciones al cine, desde Coppola, la Entrevista con el vampiro, pasando por Nosferatu, Bela Lugosi o Christopher Lee. La saga Crepuscular no me convence, me resulta noña y tradicionalista a más no poder.
Empezare diciendo que la sangre en nuestra cultura es el alma, o se identifica con ella de ahí la ceremonia Cristiana del pan y el vino siendo uno el cuerpo y otro la sangre( mi pánico a los analisis que no a las agujas, viene de ahí, miedo a que me estraigan el alma, lo cual es sorprendente para alguien existencialista y atea.) Dicho de otro modo y, por supuesto, entendido sin ningún rigor de estudio antropológico, parece que en dicho banquete aúnan lo que Platón separó: el alma y el cuerpo.
En la iconografía vampírica, el no-muerto es un bebedor de sangre, es decir, un bebedor de alma en cuyas representaciones aparecen una serie de características que, aunque ya hayan caído en el cliché  y se formaran quizás desde ahí, pueden encarnar a aquella persona que puede hacer passing (en la cultura LGTBI, es aquella persona que 'pasa' por hetero pero es gay o les, aquella persona que pone de manifiesto en su acto de passing, "soy como tú pero no soy tú, a lo mejor tu no eres como crees, a lo mejor te pareces sospechosamente a mí"), conoce las normas y, en determinados momentos, se la salta a su antojo, poniendo de manifiesto lo absurdo de las mismas y la hipocresía que hay sobre ellas. Esto es mi fascinación , la duda de la norma, la duda de lo que conocemos para investigar en lo desconocido es lo que nos hace grandes y lo que nos ayuda a vivir con el otro, siendo el otro cualesquiera que sea; admitiendo al otro con el mismo amor y respeto que deberíamos tenernos a nosotros mismos. El vampiro surge del rechazo a uno mismo, del rechazo a sus creencias y la búsqueda del nuevo camino. Por supuesto, lo que se penaliza es la duda y sobre esa duda se crea la iconografía del degenerado que rompe todas las normas.
Son icono del burgués rebelde, porque en mayor o menor medida, siempre imaginamos al vampiro como perteneciente a una élite y muy individualista, no trabaja bien en grupo (al contrario que el hombre lobo), es un cazador solitario que utiliza los recursos retóricos y estéticos porque se ve conocedor de ello. Es a su vez un Narciso. Así que, ¿quién no ha sido nunca un embaucador elegante sofisticado y con cierto amaneramiento?. ¿Quién no ha buscado  en la pena la conquista del otro, quién no ha intentado seducir con el pasado a su presa?

Por ejemplo: la típica escena de calle donde dos personas están hablando y una muestra cierta afectación, cierto sentido de "hay que mal esta todo, que mal estoy yo", y ponemos esas absurdas miradas de cordero degollado, esas manos dentro de los bolsillos a caballo entre Dean en Rebelde y la puta que quiere modificar su vida. Yo, sé que lo he hecho, he bajado elegantemente la vista, he respirado con cierta ansiedad para narrarme como ese ser atormentado que sale de noche, adoro  de mí  esas poses, en esa manera de frivolizar sobre el sentimiento, sobre lo que establecemos como sentimiento doloroso cuando nos narramos, la escenificación, la teatralidad que ponemos de relevancia en nuestras vidas cuando los acontecimientos nos desbordan.

Existe, como en todas partes, esa otra visión del vampiro orgiástico; esa en la que seduce con ese atisbo de todo aquello que da el caos, con todo aquello que tiene de liberador el sadismo bajo tanta norma.Con poner de manifiesto el animal desenfrenado que, gracias a las técnicas de la sociedad industrial podemos llevar acabo. Tanto fetiche me fascina, me asombra y me asombra también cuando las personas descubren sus propios fetiches, sus propias sombras, aquellas que no nos gusta reconocer en publico, porque en ese mismo momento en que nos contemplamos como el bebedor de sangre, podemos decidir si queremos o no queremos ser ese ser, podemos ser conscientes de nuestra vulnerabilidad y nuestra fuerza para tomar la consciencia de lo que somos, no la decisión de lo que somos.

En la novela de Stoker se mitifica la personalidad del vampiro como aquel que, ante la fatalidad de la muerte del ser amado, renuncia a sus principios para hacer lo que le viene en gana, para revisar las normas de control social y utilizarlas según su antojo. Puesto que la vida es finita, se subleva ante la finitud de la vida corpórea. Es decir, se subleva ante la muerte, para conquistar paraísos en vida.


Gael, 25, 10

Tengo quince whats tuyos, no sé que voy a hacer con tanta información, me tienes petado y no soporto tanto control. Ahora una canción de esas tontas que te ponen tan sensible y a mi me dejan tan frío. Leo todo y no tengo claro que decir, tampoco tengo claro que quieras que te diga algo. Te mando una frase sentenciosa del libro que tengo entre las manos al pedo de lo que tú me mandas. 
Estamos en otoño y dentro de nada tengo que entregar el primer trabajo del master. 
Me peto con el móvil, me has petado con el móvil, cruzo los dedos para que no me llames. Cuando no te contesto, acabas llamandome e incendiandome la cabeza con todos tus problemas, madre, hermana, padre, dinero. 
Me miro en el espejo del baño y zas, me vibra el movil, eres tú, qué poca capacidad para sorprenderme, me resultas  tan previsible. Lo cojo para no parecer descortés, no me gusta parecer descortes, entre risas me dices que por qué no te he contestado antes, que hay que ver como me las gasto, utilizas ese tono complaciente que se utiliza cuando te molesta lo que hago pero tienes miedo a reñirme, tienes miedo a perder el control que tienes sobre mi, confundes control con deseo pero yo me dejo acariciar. Te digo que lo siento que estaba ocupado con otras cosas, te pregunto qué tal estás, como lo llevas, me hablas de que todo esta mal, utilizas esa voz melodramática que en otro me hubiese gustado pero en ti me deja indiferente. Hablo de que iré a clase por la tarde, qué si quieres que vayamos juntos. Me dices que sí, (ya lo sabía) es otra forma de controlarme y te crees que no me doy cuenta, me dejo controlar, me divierte el juego. No hay consecuencias en el juego.Quedamos en un punto intermedio, tu juego de seducción consiste en mostrar necesidad de mis consejos, necesidad de mi calor. Tu juego de seducción se presenta a modo de eficiencia y resolución, dos cosas que en este momento no me interesan. 
Te doy un beso, hablas, siempre hablas mucho, a mi no me gusta hablar. Te sonrió, tu quieres dormir conmigo y yo quiero dormir solo. Pero no te lo voy a decir. Entramos en clase, saludo, abrazo y él no ha llegado.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Gael: 23, 10

Me llamas y me dices que andas aburrido. Cuelgo. Me aburre tu aburrimiento y  unos diez minutos después me llamas abajo. Te abro la puerta y hago de tu más mejor amigo con pose de hombre comprensivo. Cocinamos una tortilla de patata y dudamos qué coño ver en series.ly. Me ducho, Shock, de Calvin Klein y te convenzo para dar un paseo por esta ciudad de provincias que no nos ofrece gran cosa. Nos miramos en el espejo del ascensor. Acabamos en un concierto heavy. Dos tequilas para mí y unas cuantas cervezas para ti. Bailas y yo miro desde la barra. No hay nada decente. Te digo que nos larguemos, que cojamos el coche y que buscamos algo mejor. Afirmas con la cabeza y salimos. Los bares de siempre. Conversamos sobre tus cosas. Hoy yo no hablo de mí. Me hablas de una tía, que si, que no, que qué más da, que te da miedo y rollos de ese tipo. Piensas que te escucho porque afirmo con la cabeza pero no me interesa una mierda nada de eso porque la tía en cuestión me cae gorda.
Pido dos orujos en vaso de tubo y  te propongo que no pienses, que dejes de pensar y que bailemos. Que bailemos en una de esas discotecas con luces verdes y humo que huelen a fresa. Aceptas. Llegamos y empezamos a sonreír, salimos a la pista. Te digo: no pienses baila; no caces, baila; sigue la luz verde. Sudamos, no damos para más y cuando salimos, parece que está amaneciendo. Te manda un whats la tipa esa que me cae gorda y vas corriendo a buscarla mientras yo me quito la ropa  y me meto en la cama. Se ve que tendré que intentarlo otro día, buscar otro momento para llevarte a la cama.

martes, 22 de octubre de 2013

Diario de la pérdida y el deseo: Todavía Octubre

El maíz ha crecido en estos campos de secano y los árboles recogen el color de las tardes de otoño, ese dorado de los días más felices.
Ayer hablé con B. Dice que para alguien como yo es fácil reconocer lo que a los demás les cuesta tanto y que no es ningún mérito. Estoy cómoda en los reflejos distorsionados de noches de botellas y resacas. B dice que el mérito para alguien como yo es perdonar, seguir adelante y tener sentido del humor. B sabe que me gusta reflejarme en los espejos de feria, pero lo que B no sabe es que solamente confieso el espacio de confort que me resulta cómodo, y tengo mucha práctica en andar entre cristales rotos y sombras deformes, soy una gran funambulista del drama.
Puede ser que tenga cierta propensión a desconfiar de las cosas buenas, porque siempre creo que en algún lugar, en algún momento, alguna de esas sombras que duermen tranquilas debajo de las cosas buenas me dirá que todo va a estallar entre mis pies, una especie de ligirofobia.
¿Tú te acuerdas de eso?, ¿te acuerdas de cuando todo estallaba?, ¿te acuerdas de mi piel blanca y mis cuarenta y cinco kilos hechos a golpe de discusión y olvido?, ¿recuerdas el color de mi pelo?, ¿recuerdas el bajo quemado de mis 501, el tamaño de mis pies y el olor de mi perfume? A mí no me queda nada, pero me sentaba bien esa pose, me favorecía la media luz y la fuerza radicaba en la debilidad, en la anestesia que produce la debilidad y la lucha combinadas irremediablemente en un cuerpo de tobillos estrechos y rodillas de hueso.Todavía están esas fotos, todavía las guardo en el altillo de la Billy.

Hace tanto frío... cae tan rápido la noche...

No nos parecemos a aquellos días, y no me puedo proteger de tanta normalidad, tengo miedo a la normalidad y me he acostumbrado a ella. La normalidad huele a sueños de palomitas y coca-cola, la normalidad huele a suavizante Mimosín y a pequeños cachorros comprados en un supermercado a mitad de precio con lazo de cuadros incorporado.
Perdóname si hago alguna excentricidad de esas tan burguesas y tan sofisticadas, de esas tan absurdas.
Se diluye el tiempo entre las manos, se diluye el tiempo después de cada polvo y el infinito es un lugar que cae a la vuelta de la esquina de nuestra casa. El infinito es el lugar por donde paseamos al perro una noche de tranquilidad inflamable.
Tengo tanto frío... ya ha caído la noche y la eternidad duerme, acechante, la siesta a los pies de nuestra cama.





jueves, 10 de octubre de 2013

Diario de la pérdida y el deseo: Octubre 1

Quiero encerrarte entre estas palabras, quiero contenerte en este texto de una tarde de un martes lluvioso. Me gusta que llueva y voy a hacer que nuestra historia quepa entre estos párrafos, entre estos renglones que se escriben con lo que nunca te voy a decir. Quiero desmembrarte y convertir cada extremidad de tu cuerpo en un objeto fetiche para mi disfrute, en dildos desestructurados.
Quiero hacer todas las cosas que sé que no se deben hacer para mantener nuestra integridad sana.
Quiero tener una relación donde tú seas mi objetivo y mi objeto, quiero una de esas relaciones en las que me convierto en tu depredadora ofreciéndote toda la libertad que nunca vas a tener. No conozco mejor droga que las promesas de libertad, para alguien de tu estilo.
Te engañaré con mi mejor foto, con esa que hace que parezca un ser inofensivo y bueno, con esa en la que adolezco de cierta impronta de niña pija.
Seré el lobo con piel de cordero y será precisamente eso lo que quieras de mí, querrás de mí ese engaño que te proporciona mi personalidad mutable y versátil.
Quiero tener una relación contigo; una de esas relaciones que son malas para los niveles óptimos de salud, de esas en las que no puedes dejar de pensar en mí y yo no puedo dejar de oler el sudor de tu espalda en las pulseras de cuero de mis muñecas.
Quiero que tengas miedo al compromiso y que te pongas nerviosx cuando intimamos. Quiero penetrar entre los pliegues de tu cuerpo, de tu vello, para que no puedas pensar en nada más que no sea yo; ser tu motor, lo que provoca en ti el movimiento, no sabes lo que me excita que te cueste la movilización hacia adelante y solo sepas dar círculos imitando el avance.
Necesito que tengas ese tipo de necesidad de mí, esa que nunca vas a tener por nadie que no seas tú, eso es lo que me hace desearte de esta manera tan en celo.
Eres hermosx con tanto miedo y no sabes que eso es lo que siempre me ha nutrido, soy un cazador como esa canción de Vegas. Eres de acceso difícil, como las ostras, pero es posible que no encuentre la perla. No me importa, lo que me fascina es el riesgo que hay en conseguirla, lo que me fascina es la dificultad de resistencia que me presentas, la posibilidad de herirme en tu búsqueda es lo que me atrae irremediablemente hacia tu centro de gravedad; pero eso tampoco lo sabes.
Tu incapacidad para intimar conmigo con esa intensidad que piensas que yo tengo, eso es lo que me vuelve loca. Sonrió de lado cada vez que veo eso en mí, es una impostura sencilla y cómoda, pero eso tampoco te lo voy a decir, porque necesito que te creas todas esas mentiras de este flirteo tan especial que caben en este texto.

Te estoy siendo infiel contigo desde este texto y no sabes lo bien que me sienta y lo mucho que me divierte tanta frivolidad. Me sorprendo leyendo nuestra historia solo en este texto, solo entre estas palabras y no puedo evitar pensar en ti desde aquí, desde esta pantalla, desde estas teclas grises. Solo pienso en ti si estoy aquí. Solo me fascinas desde lo que narro de ti a través de este texto; fuera de él, no eres nada especial, fuera de él,  yo no soy nada sugerente, pero en este texto puedo ser todo lo que quiera y convertirte en todo lo que desee, y por eso me resultas tan irremediablemente atractivx, por lo que tú tienes de este texto,  porque tú puedes ser cualquiera y porque la fascinación de lo narrado me hace que quiera tener una relación contigo, aquí, ahora, en este texto mientras me lees, porque ahora existo a través de ti.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Diario de la pérdida y el deseo; 30 de Septiembre y el silencio

                                                                 

           Para que ellos digan lo que les sucede existe el silencio o  bien la risa, o, a veces, por ejemplo, además, llorar.                                                                                                                                     Marguerite Duras.


Silencio
el olor a lluvia y tormenta.
Silencio
el olor de las sábanas de un hotel.
Silencio del aire entre los árboles 
cuando bajamos a una playa de un pueblo del norte. 
Silencio 
el hervidor del agua del té de por las mañanas. 
Silencio 
el de la calle Mayor cuando aún no han abierto los comercios. 
Silencio en este septiembre 
que nos esta regalado más verano que otoño. 
Silencio de las pisadas sobre la nieve. 
Silencio 
el  sonido del  estruendo de las olas del mar en diciembre. 
Silencio 
el vaivén de los plásticos de una obra en pleno noviembre. 
Silencio 
una madrugada en agosto. 
Silencio de olor a cruasán. 
Silencio 
el sonido del corazón debajo del agua. 
Silencio agudo 
el orgasmo del polvo del otro día. 
Silencio 
la espera tranquila de lo que sabes va a llegar. 
Silencio del sol tornasolado a mediados de octubre. 
Silencio del chapoteo de las piscinas en plena ola de calor.  
El silencio de la llegada de las golondrinas a final de primavera. 
El silencio de cuando te observo desde lejos, siempre rodeadx.
El silencio del  ronquido del perro en el sillón. 
El silencio de las teclas de tu ordenador cuando trabajas, ¿te he dicho ya que me pone?. 
Silencio del olor a manzana asada en pleno invierno. 
El silencio del caminar en las noches de verano cerca del río. 
El Silencio de una persiana que se baja en plena noche. 
El silencio del mordisco de una manzana verde. 
El silencio de la respiración cuando me excito.
El silencio del agua corriendo entre las manos,
                de los puntos suspensivos,
                de no saber acabar este poema.

           

domingo, 15 de septiembre de 2013

Diario de la pérdida y el deseo; Septiembre 15

SEPTIEMBRE 15

Cógeme la mano, amor,
que vengo muy malherido,
herido,
de amor huido.
Herido,
muerto de amor.
Federico Gª Lorca

Susúrrame. 
Susúrrame lo que podemos hacer y no vamos a hacer 
porque estoy vaga en este Domingo de resaca. 
Susúrrame de qué tienes miedo 
porque bailaremos un tango con nuestros miedos. 
Susúrrame que hoy el día es brillante. 
Susúrrame en un idioma antiguo y exótico 
para que pueda acunarme entre tus palabras, 
para que pueda contemplar el amanecer sin desear ponerme la falda 
y salir corriendo de tu habitación. 
Susúrrame mascando las palabras, 
susúrrame entre las encinas, pero 
haz el favor de susurrarme que vengo del grito.
Susúrrame el mar entero, 
vengo dispuesta a creerte y tardar más tiempo 
en abandonar esa habitación de luz tenue y cortinas desgastadas. 
Susúrrame que las cosas no son caducas, 
que existe la eternidad y que la eternidad 
cabe en esa botella de vino. 
Susúrrame también que las agujas del tiempo se han quedado congeladas 
en el momento exacto en que entre por esa puerta. 
Dime que no hay tiempo y no hay espacio, 
háblame de los lazos y de la unidimensionalidad congelada. 
Enséñame las estrellas, 
las costelaciones. 
Háblame de la supernova, 
ponme en un espacio y un tiempo que no se mida en medida humana 
para tocar el infinito con tus palabras. 
Para creer 
-susúrrame-, 
vengo del grito y tengo 
mucho ruido en la cabeza.
Susúrrame que existen los finales felices 
y que nosotrxs tenemos uno en ese espacio, en ese tiempo, 
en esa botella llena de eternidad. 
Susúrrame un viaje por el norte, 
susúrrame un monte verde, un mar azul. 
Susúrrame el tamaño de las ballenas, nadaremos con ellas en la costa argentina . 
Susúrrame ese rincón del Mediterráneo donde quiero comprarme una casa 
de paredes blancas y barcas amarradas. 
Susúrrame el nombre de todas las islas 
y el de los piratas que las habitan. 
Susúrrame que vengo del grito y ando cansada del ruido. 
Susúrrame el olor que tiene ese pueblo entre montañas, 
susúrrame el olor a rastrojo y gasolina. 
Susúrrame el tacto que tienen nuestros cuerpos cuando lo hacemos, 
susúrrame la manera en que nos reconocemos cuando no hablamos.
Susúrrame, susúrrame 
que me dormiré en el espacio que conquistaré en tu hombro, 
susúrrame un cuento sin princesas, sin hadas, sin magia, 
susúrrame un cuento lleno de infinito, lleno de vida, lleno de sol.
Susúrrame, amor, que hoy estoy vaga en este Domingo de resaca. 
Susúrrame 
que vengo del grito y tengo mucho ruido, 
susúrrame amor, amor,
porque quiero dormir cerca de ti.

PD: gracias por todxs lxs que me susurrais. Os quiero.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Y, qué pasa con el cliché a la hora del café

Hace un tiempo que tengo la sensación de vivir en una sit com, de vivir en Eurodisney o en cualquier espacio que tenga que ver con la creación de personajes, con la creación de personalidades, con la creación de estereotipos, porque todo me resulta con la familiaridad que puede tener un cliché. Es posible que mis ojos vean demasiados clichés y que, en realidad, el cliché sea la mirada del que observa pero, sea como sea, ocurra como ocurra, tengo la sensación de estar participando en el show de Truman y lo que es peor, el reality, me aburre. La vida me decepciona constantemente por puro aburrimiento (algo extraño en mí, que suelo divertirme conmigo misma bastante bien), por la incapacidad de crear mi sorpresa. Todo es un cliché, todo es como se espera que sea y de una u otra manera todos somos el cliché de alguna telecomedia, de algún reality. Nos parecemos demasiado a esa construcción de personalidades, a esa educación sentimental que está tan lejos de lo que podría ser la vida real, si es que tal cosa existe. Porque incluso en la manera de narrar lo que sentimos, de narrar lo que el cuerpo siente, el dolor, la pena, el amor, hay un cliché cultural que nos dice que esa es la manera en que sentimos, la manera en la que amamos, la manera en la que follamos; y ante tanto sentimiento, ante tanta emoción desbordada que es explotada como vestigio de naturalidad, como icono de autenticidad, creamos ovillos de clichés que conforman el color de la lana del jersey que nos vamos a poner.

No estoy con ello buscando la verdad ni llegar al meollo, puesto que mi interés está más relacionado con el proceso de construcción del cliché y de reapropiación del mismo, que con la ingenuidad platónica de pensar que hay un mundo de verdad y otro de sombras. En realidad, creo que el cliché, en la medida que es legitimado, existe como tal y es acto y es potencia. En una entrevista, Judith Buttler habla de cómo su madre se acaba pareciendo a Joan Collins, de cómo todas las madres de su entorno se vuelven Joan Colllins. Es decir, el cliché acaba siendo tan real como su madre, acaba teniendo un físico, una forma, un entorno, como se mantiene en el texto de Alain Corbin, Jean-Jaques Courtine y George vigarello sobre las imágenes sociales del cuerpo en el S.XIX:
se fabrican tipos como construcción de un nuevo lenguaje corporal diferente del sistema iconológico tradicional y basado en la  observación de la ropa, la fisionomía y la silueta de los contemporaneos.


Intentaré explicarme diciendo que el cliché se legitima por su uso y es su uso el que, precisamente, lo convierte en cliché. Es decir, es una especie de pescadilla que se come la cola, en la que la sociedad como grupo participa de la creación y legitima ese cliché. Sin entrar si el cliché es bueno o malo, puesto que el cliché puede ser subvertido y reinterpretado, solamente digo que me aburre tan poca novedad y esto vuelve a ser nuevamente un cliché que heredo de la época de la postmodernidad. Algo así me pasó con el discurso de Ana Botella para la candidatura española de los JJOO: ella acabó encarnando con su café con leche, toda la iconografía de las películas del destape del -en este caso la- españolito; ¿éso es lo que hemos subvertido, el cambio de género, o no?

Diré que últimamente todas las películas (salvando excepciones como I´m not there, un falso documental sobre la vida de Dylan), todas las series y todas las novelas que caen en mis manos, repiten personajes que se parecen sospechosamente. Son personajes que se recuerdan unos a otros como si todos ellos, independientemente de las situaciones, siempre fuesen los mismos. No hablo ya del héroe que es héroe siempre y el villano siempre villano, sino que el atormentado dudoso siempre es muy parecido al atormentado dudoso, el vividor siempre es vividor y el mafioso siempre es el mismo mafioso,como si por su existencia no atravesase la Historia, como si en su existencia no hubiese vestigio de ser una persona que vive entre montañas o que vive cerca del mar o que posee una clase social determinada,  y cómo de manera más o menos re-pensada, todo lo que nos conforma como lo que somos, todos los clichés que nos rodean, como lo que somos, hacen que todo sea atrezzo. Hacen que todo eso no se contemple en el individuo, puesto que lo que marca al individuo es el cliché de personalidad, producto de las épocas donde todo está hecho en serie.

En el cuadro de la Libertad guiando al pueblo, hay una gran variedad de clichés que se fueron legitimando a través de escritos, de folletines y de la prensa, que en parte se subvirtieron pare crear toda una iconografía de la sociedad burguesa, el niño acaba siendo el cliché del niño que podemos encontrar en Los Miserables, los personajes que aparecen acaban formando parte de la historia de la caricatura de Champfleury, y así sucesivamente.

El lunes, como todos los lunes, suelo ir a ver a mi abuela por la tarde, hacemos siempre el mismo ritual. La persona que la cuida, una mujer peruana de mediana edad, deja preparadas las tazas moradas y cuadradas del café y entonces, ella, mi abuela, pone la teleserie El secreto de puente viejo y me comenta lo que ocurre. Le preparo el descafeinado, le pongo unos dulces y hasta aquí todo bien, todo forma parte de ese ritual que hemos creado; pero un día me dice: "estas series están bien, porque enseñan a la gente que la vida puede ser otra cosa y que hay gente muy mala que abusa de su poder. Además, me hacen mucha compañía". Después de la revelación cogemos una revista de prensa rosa y terminamos nuestro ritual recogiendo la mesa y dándole un beso en la frente porque tengo que ir a trabajar.

viernes, 30 de agosto de 2013

Diario de la pérdida y el deseo: Mi mar

La verdad es que iba a hablar de muchas cosas. Iba a hablar de la reapropiación de significados por gente que no entiende los significados; iba a hablar también de la copia de emociones por personas vacías de todo y llenas de nada, iba hablar de las personas zombis que consumen lo que dices, lo que sientes y creen pertenecer a tu narración, que parece que está de moda; es más, creen ser tu narración; pero no tengo fuerzas, no tengo ganas y me parece que no es necesario hablar, en estos momentos, de lo que me sobra, porque necesito lo que me falta, necesito todo aquello que estoy perdiendo, que es mi pasado, entre la gente que va desapareciendo y que sé que no voy a recuperar. 
De mi pasado solo me queda mi abuela. Poco a poco han ido diluyéndose en la huella biológica de mi vida todas las personas que me han cuidado, criado y  educado y me queda una extraña amalgama de gente de la que sé más bien poco y a la que necesito resignificar para poder empezar nuevamente. Cansada de resignificar las cosas que no tienen significado, cansada de delimitar mi anatomía entre nuevos cuerpos, nuevos ADNs.
Supongo que a veces los recuerdos no son suficiente para construirse y a veces los recuerdos son pequeñas pinceladas que forman una existencia, que a día de hoy me resulta triste y complicada. No estoy en la batalla, en la mandíbula batiente y ahora mismo tengo miedo al miedo, ahora todo son molinos que se me antoja ver como gigantes. Lo sé, el aire quijotesco de mi existencia es un regalo de mi abuelo, a veces creo que es su karma el que camina en mi perfil delgado y narigudo. 

Carezco de sentido del humor para reírme de lo que soy, en realidad carezco de sentido del humor. Pasan tambores y trompetas por la ventana de mi casa, Nemo se vuelve a esconder.

Vuelvo a mí, me he distraído y sé que echo de menos todo lo que pensé que no tenia; echo de menos todo lo que pensé que no me rodeaba y echo de menos todo lo que pensé que nunca fuí. 
Una nunca sabe cómo se va a sorprender y se encuentra ante una desconocida cuando menos se lo espera, teniendo que colocar todos los muebles y cambiando el color de las paredes de su habitación. Se encuentra también, mirando fotos sepias y tocando todos los objetos que parecen tener la esencia de las personas que no están como si de una manera extraña apareciesen ante sus ojos con el brillo que tienen los recuerdos felices. Los fotografío con la cámara del móvil, buscando el alma que hay detrás de ellos, la respuesta de lo que fui y no recuerdo.
Aquí son fiestas y la calle está llena de gente, llena de luces que son testimonio de la fiesta del presente. No hay pasado en la fiesta. El tiempo rueda entre los pies a ritmo de marcha fúnebre, entre el césped que no deja de crecer. Todo está tan verde ahí fuera para ser finales de Agosto, que desconfío de la seguridad del parque. Desconfío de la seguridad que da la cama en las noches de verano, cuando los grillos cantan entre las rendijas del ladrillo. No hay pasado en la fiesta, la fiesta se construye en el presente, en el instante del deseo. Pero los días de fiesta, los días de los coches de choque, de la noria y el algodón dulce me producen la tristeza del nómada, la pena del que tiene que recoger el confeti, del que tiene que despedirse. Porque mi pasado se va evaporando en el presente, mi pasado está alquilando habitaciones de hospitales para despedirse de mi y darme la tregua que no encuentro en el futuro.
Os echo de menos. Es sencillo y resumido. Es, como dice A, concreto.
Os echo mucho de menos y no sé si os dí las gracias por lo que soy ahora...



martes, 6 de agosto de 2013

De cuando pienso a la manera de

             "...cierta mitología de lo universal, propia de la sociedad burguesa, cuyo producto característico es la Novela." R.Barthes


   El grado cero de la escritura y combinarlo con poesía de Luis García Montero mientras investigo sobre lo ciborg. Lo sé, y también que, de este exceso de saturación que tengo, alguien que me sé diría que es para desviarme de lo esencial que es el miedo... En fin con el miedo, que es el hijo de lo humano, me construyo (¡Dios! ¡qué frase más sentenciosa!). El caso, intentaré utilizar la concentración de un cinco, uno se narra y uno narra, y en la narración que, según Barthes, se hace, si se quiere hablar de existencia, se utilizará un pretérito perfecto (tiempo utilizado en la novela que según Barthes, y con mucha poesía de ensayo, une lo más rápidamente posible una causa con un fin) y con el verbo aparece el límite, lo definido y para un seis (eso parece que soy) es el lugar de la tranquilidad. Asumiendo entonces que me narro para definirme y concretizarme y estudiarme, me doy cuenta de que me filtro y filtro mi entorno. Es decir, uno se narra y en la narración se va definiendo, delimitando, y se va construyendo, eligiendo de una manera más o menos acertada, más o menos torpe, lo que quiere ser, lo que es y lo que fue; y con todo esto uno llega al mundo y decide enseñárselo, y entonces el mundo, también narrado, pero narrado en Historia, le presenta el trato de poder cambiar las narraciones sobre uno, concediéndole, atravesándole porque cuando uno narra su subjetividad del yo, casi siempre se olvida de que en el yo hay unas construcciones narrativas, externas al yo que, aunque no quiera, lo condicionan y lo desarrollan, porque está siendo a travesado por la historia, la Historia atravesando la existencia. 
Llevo días dando vueltas a mi historia familiar, a los acontecimientos que me han narrado y a los acontecimientos que narro sobre ella. Es decir, acontecimientos que pueden ser así o pueden devenir de otra manera; ese famoso prisma posmoderno que nos ha dejado varados en una realidad contradictoria. 

Ahora me siento un poco Amy Farrah Fowler, personaje al que tengo un especial cariño por cosas así:
" (...) somos esclavos de la entropía, la decadencia y la muerte final"
Escultura dedicada a la entropía
en la Universidad de Monterrey, México
El caso es que entre tanta duda metódica y metafísica, no encuentro salida y por ello he decidido leerme,ero entonces aparece un chileno como Jodorowsky, más artista que filósofo y le habla de todas las posibilidades del ser y de concederse todas las posibilidades del ser o lo que es lo mismo, todas las narraciones posibles sobre del ser; un aleph borgiano, y en ciertos momentos aparece la catarsis y nos apropiamos de todo aquello que nos es ajeno y en un momento determinado, en un lugar determinado, ocurre eso en lo que Jung confiaba: el entorno, lo que nos rodea, nos explica parte de lo que somos a través de extrañas metáforas oníricas que pueden rozar lo telúrico. El problema es que en ese proceso, como humano que somos y mentirosos ( la mentira no es una característica únicamente humana, pero es cierto que todo lo que relacione con ella no dejará de ser desde el prisma de lo humano, masculino, blanco, heterosexual, burgués y universal), vaciaremos a veces de significado la catarsis que creemos sufrir, pensaremos que aquello observado habla de nosotras, habla de nuestro yo y suprimiremos con esa apropiación al otro yo, lo invisibilizaremos y seremos poco honestos con aquello a lo que queremos extraer su existencia. Lo deslexicalizamos, lo convertimos en cliché, es decir, lo colonizamos, y lo subjetivizamos, pretendiendo que nuestra subjetivización de lo observado se convierta en norma de mirar, manera de mirar; y es entonces cuando en vez de ayudar y atender a las diversidades, establecemos nuestros sentimientos como sentimientos universales en los que todas las personas nos tendríamos que sentir identificadas. Es decir, todo aquello que a mí me resulte molesto es molesto para el otro, todo aquello que a mi me resulte amable es amable para todos. 

J. Pollock
Y cuando te preguntas si todo eso es así, si realmente es cierto, que otros discursos son de verdad mi discurso y mi sentido, aparece esa dichosa palabra, que para mí es como si la acabase de conocer: la honestidad. Es como si nunca la hubiese pronunciado, porque nunca la he tenido en cuenta, y ahora empiezo a intentar resignificar honestidad, entendida como una adecuación, una adecuación de una metáfora. 

viernes, 26 de julio de 2013

Diario de la pérdida y el deseo; 26 de agosto y cómo te voy a mentir.

He hecho mi tarea y he escrito mis votos, los votos que necesitas para creer que todo esto es un amor tradicional.
No sé si tendrán validez o si durarán este verano pero en ellos te haré promesas que suenen bien y que te puedas creer viniendo de alguien como yo. 
No te preocupes, no te haré daño si me coges de la mano y caminas despacio y a mi lado. Tengo cierta ternura con las personas como tú, tengo cierta condescendencia que me convierte en un amante fría, distante y adictiva. No te asustes, solo son unos votos para convencerte de que soy una mujer formal, de que soy una mujer que tiene la capacidad de amar al más puro estilo disneyland, porque todo el amor acaba siendo siempre un poco disneyland. Porque cuando se trata de hablar de amor y de parejas, todo acaba siendo un poco bella y bestia y un poco crepuscular.
Así que te prometo convertirme en la amante de Saigón, prometo ser eternamente viernes, si me agarras de la mano y vienes conmigo a la cama. Lo haré despacio, sé que te gusta que lo haga despacio, no quiero que te instales en el miedo que aparece en las clavículas. Además, me he cortado el pelo, ya no soy tan fatal, ni tan femme. 
Te susurraré al oído que somos ángeles, te cantaré que somos héroes, te prometeré un amor epopéyico pero si no te sientes Ulises o Penélope, buscaré la manera para hacerte sentir que tenemos un amor de batín y zapatillas. Pero haz el favor de no ser melodramáticx, odio el melodrama y el sentido revistero del amor. Podemos hablar de tormentas y tempestades si el día sale luminoso. Podemos también, hablar de días de playa y sardinas, como esas canciones tontas que me gusta bailar y que al final, igual que tú, también me creo; podemos y puedo convencerte de que tenemos un amor de tumbonas y after sun, un amor de BCN, un amor con gafas de sol y vestimenta de Saint Tròpez. ¡te favorecen tanto las rayas, y a mi me sientan tan bien los pañuelos anudados en el pelo al mas puro estilo Jackie!.
Te prometo que te iré a buscar un día de lluvia a tu casa, te contaré que es algo irremediable el que subamos a la cama, que es irremediable que te vaya desnudando mientras ronroneo deberes que no voy a cumplir y que tú necesitas oír. Mojada te besaré despacio, para mantener esa respiración entrecortada de la duda, no te abrazaré, solo te besaré, y rozaré con mis dedos la palma de tu mano, notarás mis dedos y las gotas de agua que surcan los pliegues de mi piel, el agua será la pauta, las gotas de agua sobre tu palma, las gotas de agua sobre tus labios, aparecerá el beso, ese beso será de esos largos sin lengua y húmedo, como los besos asépticos de los amantes cuando llega la hora de despedirse y aparece la pena. Será un beso de pena impostada que desarmará tu falso caparazón de sensibilidad. Mantendremos la tensión mientras te beso y no acierto con la manera de llevarte hasta el sofá, hasta la cama. No será una escena tórrida, una escena donde suelo andar más cómoda, porque sé que andas con las clavículas contraídas y no aciertas a quitarme el sujetador, ese sujetador que distraidamente he comprado con pretenciosidad sexy. Pero eso será después
del beso, después de una charla aparentemente existencial y condescendiente, porque en realidad lo único que quiero es convencerte de que quieres acostarte conmigo, lo único que quiero es quitarte el pantalón. Me rozaras la cara mostrando una extraña comprensión, te apartaré los rizos de la frente y desearé besarte en la nuca, desearé oler el sudor de tu cuello y absorberlo en el beso, adoro tu olor. Te meteré mano de una manera torpe, seguro que no es fácil meterte mano si estamos sentadxs en el sofá. Seguiremos entre besos y conversaciones absurdas a caballo entre el humor y el existencialismo. Llegará el momento en que sea más cómodo ir a la cama, ese momento en el que no se cabe en el sofá, cambiaremos de posturas, no acertaremos con la adecuada. Tocaré cada pliegue de tu piel para memorizarlo pero será un memoria a corto plazo; mañana, al rato, cuando me vista, puede que todos tus pliegues se me hayan olvidado, y será entonces cuando todos los votos que te he prometido se conviertan en el arma que me escupirás, porque he tenido que mentirte aunque solo quería echar un polvo contigo.

domingo, 7 de julio de 2013

Diario de la pérdida y el deseo: Verano

                                                                                   a los que ya no están, a los que se fueron, a la ausencia:


Mis veranos siempre fueron veranos largos, veranos densos y veranos mediterráneos. Mis veranos fueron Ana y Jesús y Marta. Mis veranos fueron dictados del Quijote y de Juan Ramón en una terraza de apartamento con vistas al mar y mesa de mimbre. Mis veranos eran carboncillo, acuarelas, pasteles y latas de titanlux. Mis veranos eran noches de piratas en octosílabos y tetrasílabos, eran boleros de bocas rojas y tangos que hablaban de un parpadeo que regresa. Mis veranos eran la biblioteca de mi abuelo y el gazpacho de mi abuela. Escarabajos y salamandras en la casa de Pilar, muletas y leches merengadas, olor a sardinas asadas y piedras pintadas en el Campello. Mis veranos eran sal y paella, eran tellinas, sandias y vestidos de barcos azules, blancos y amarillos. Mis veranos eran mi primer bikini y mi tercera regla. Mis veranos eran largas horas de siesta escuchando en el walkman música de moda, la nativa inglesa y el trina de manzana. Mis veranos eran las sábanas húmedas y con arena, las duchas en la entrada del edificio de verjas verdes, el olor a basura y el cine al aire libre con la película de tiburón. Mis veranos eran veranos de la vuelta al cole, los zapatos náuticos y Santillana. Mis veranos eran caminar entre las dunas, buscar mariposas, encontrar cangrejos ermitaños. 
Mis veranos eran despedirme de la elegante siamesa que se suicidó desde un séptimo piso, y dar de beber al perro en el camino. Mis veranos eran las pulseras de conchas, las hojas de eucaliptos, las mimosas y las huertas de naranjos y limoneros. Mis veranos eran la excursión a un Benidorm que vendía el cuero más barato, la visita al puerto deportivo donde estaban anclados los yates, las polaroids, las toallas de rayas, las sombrillas de flores.
Mis veranos, más tarde, fueron veranos de Dic ocho años, Coronita y afters de polígonos; veranos de física, matemáticas, de acoplar horarios y piscinas de interior, veranos de sexo torpe y precario, veranos de apuntes, de cursos, veranos donde todo se precipitaba y donde apareciste tú; veranos que pasaron irremediablente a ser un poco tú, un poco yo, y un poco Lorca, veranos en los que empezaba a faltar gente y a aàrecer gente nueva; veranos para deciros, feliz verano. 

jueves, 13 de junio de 2013

La princesa del guisante y Bismarck

B  dice que soy la princesa del guisante porque las pequeñas fisuras, esas pequeñas fisuras que acontecen en el día a día, me desequilibran, me enfadan y me molestan.  Siempre he mantenido que con las virtudes, los momentos buenos, esos que dejan un sabor amplio en el paladar y que se recuerdan con una determinada ternura, siempre es fácil convivir pero lo que cuesta son esas pequeñas fisuras que aparecen en el día a día, esos pequeños combates que se hacen cuando dos potencias que se encuentran compartiendo un lecho descubren cuánto potencial armamentístico tienen durmiendo debajo del colchón donde se guardan los abrigos de invierno y las camisas de verano. Ahí aparece el problema y nunca se si la solución.
Supongo que tengo un espíritu ligeramente schopenhauariano y desconfío del ser humano. Siempre pienso que debajo del iceberg hay mucho más hielo mucho más afilado, así que comparto esa extraña idea de que las relaciones son una especie de encuentros entre dos potencias que, si tienen pesos similares, van andar desconfiando la una de la otra y se van a alimentar mutuamente a través de, en los mejores momentos, intercambios comerciales positivos; pero cuando fracasan los niveles de fuerza, entonces aparecen esas fisuras que, aunque las conocíamos, las apartamos en pos de los excitantes intercambios y la sobrexcitación de encontrar en el otro un yo que sea, aunque no me gusta la comparación platónica, llamémosle complementario.

 El problema es que la metáfora neocapitalista me asusta aún más que lo que acontece en el propio devenir de la relación; me asusta porque la forma en que percibimos lo que nos rodea condiciona lo vivido y el futuro de que lo que vendrá. No puedo dejar la subjetividad para poder entender al otro, y eso ya no nos va gustando. Esa imposibilidad solipsista que en los momentos de marea baja se introduce en las discusiones cotidianas y golpea en todo aquello que haya sido creado desde el otro y para el otro. Es difícil ser equilibrista si una está acostumbrada a tirarse sin red y, muchas veces, a acabar con todo aquello que aparezca en la caída.
Supongo que me asusta la imposibilidad de entender a la otra persona, tanto como me asusta entenderme a mí, solo que conmigo ya sé bailar un tango y tengo facilidad para el intercambio de roles: ahora domino yo ahora me dejo dominar a mi. Es fácil que los dos hemisferios cerebrales lleguen a acuerdos medios de intercambio o acuerdos sin más, pero esto es mucho más complejo cuando nos enfrentamos a la otra, nos enfrentamos al que está en-frente y lo leemos siempre con nuestras letras, con nuestra frente, con nuestros símbolos, con nuestras necesidades, sin darle la posibilidad de ser leído desde su lugar. Nuevamente me encuentro ante la imposibilidad solipsista, como bucle infinito, así que opto por acuerdos entre dos potencias que se estiman y se aprecian, que tienen un gran armamento y una trayectoria importante para pasar de la princesa del guisante a Bismarck, siendo consciente de que en ese pequeño cambio de prismas hay una parte de mi que no me gusta y que se parece mucho al sistema que no quiero compartir. No soy conciliadora cuando las pequeñas fisuras me parecen el jodido guisante de los colchones, pero eso tampoco me gusta de mí. Ando en proceso de conciliar y de concebir la batalla que se establece en cada fisura diaria de una relación monógama, como un diálogo y un lugar de aprendizaje, entendiendo que el guisante es un guisante diferente si se tienen un montón de colchones y que Otto es un gran tipo si lo que se quiere hacer es una unificación Alemana.

viernes, 31 de mayo de 2013

El deíctico que todxs somos

La verdad es que podría hablar de muchas cosas, pero creo que hoy me decido por hablar de los tópicos y me decido por hablar de la normativización y heterosexualización que puede que estemos sufriendo las lesbianas y los colectivos LGTBQ. 
Hace ya mucho tiempo que siento una extraña fascinación por los monstruos y además  esta fascinación surge del principio de creerme uno (es curioso, hay monstruos pero me cuesta referirme a mí como una monstrua) y de la necesidad de buscar en ellos al igual o al compañero, con el que poder compartir aquello prohibido, aquello no dicho. 
Después de luchas constantes en la adolescencia por asumir lo que compartía  con la gente que no me gustaba (el pijo de la clase, la pija calienta braguetas, el/la empollón/a -con este más bien poco-, al que se le caía la baba, el come collejas, el/la repetidor/a, que lo fuí, el/la neonazi, el cabrón, la zorra vengativa, los padres, las madres) y por confesar cosas de esas que se dicen inconfesables, (no relacionadas con mi tendencia, eso me resulto relativamente fácil, sino con la manera en que manejaba el deseo; un deseo siempre excesivo, un deseo siempre obsceno, un deseo siempre indiscreto) ahora me miro en el espejo y me veo bien

Para hablar de mi monstruosidad, quizás tendría que decir que de pequeña jugaba a los médicos y puede que alguna vez fuese violenta con otrxs compañerxs que compartían mi uniforme e incluso de más pequeña (unos 4 años) sitié y até a un niño para obligarle a besarme (el típico juego de indios y vaqueros donde yo decidí ser la india dominante, tenía tamaño y fuerza). Era así, encajaba en el tópico de ser lesbiana por  tener una excesiva lujuria  y comportamientos de macho ante la sexualidad. Además me gustaba montar a caballo, me encantaban los coches rápidos y caros, las armas de fuego y la estética militar (también me gustaban las Barbies y los tacones y el pintalabios de mi madre y disfrazarme de princesa con un puñal en las enaguas, pero todo esto no entraba en los tópicos, así que esto me permitía la normativización, el passing,  y lo otro, lo que encajaba en el tópico era una especie de excentricidad que me llenaba de orgullo e individualidad con respecto a mis compañeras, porque así es como los padres y las madres del mundo quieren que sean sus hijxs y nosotrxs, lxs hijxs nos leemos con continuas excentricidades sin profundizar en porque a  eso le llamamos excentricidad en vez de tópico bollo). 
Pero aún así, las palabras que definían lo que yo recuerdo sentir -y aquí seguramente haya mucho de novelado y de autocomplacencia- no encajaban del todo en mi cuerpo, no encajaban en la realidad de lo que sentía, porque todo era oscuro o peligroso, y aunque a veces, eso formara parte del juego, no había  en mi conciencia una mayor diferencia entre mi excesivo instinto sexual pecaminoso y sin criterio de género y el sentimiento que una podía tener cuando robaba algo de dinero para comprar regalices o para comprar los cromos de Willy Fogg. Las dos prohibiciones eran por igual interesantes, pero con el tiempo descubres que no tienen el mismo significado y para una de ellas  me tuve que inventar algo que doliese menos, que sonase mejor que "tener una sexualidad lujuriosa".  Decidí cambiar "lujuria" por "sexualidad exuberante", que parecía estar más vinculado a cierta animalidad felina o de coneja y que para mi, resultaba más cómoda que el adjetivo de "lujuriosa" o "pecaminosa" que parecía sacado de un sermón de Semana Santa - estos sermones que se visten de discursos políticos y que nos están imponiendo desde el gobierno de todxs-. 

El caso es que lo monstruoso era aquello que pensaba, aquello que deseaba ejecutar y la manera en que quería ejecutarlo. Con los años, descubrí que la medicalización del S.XIX ya me hubiese puesto el adjetivo de tribada, histérica o lesbiana y yo me hubiese negado a mi misma la acción de serlo por esos motivos. No era lesbiana por ser excesiva, era lesbiana porque me daba la gana, y ahí, en esa manera de releer el tópico, está la salvación y la posible opresión, porque cuando unx supera sus tópicos, sus miedos, sus estereotipos (una ingenuidad, porque una siempre es el tópico, el miedo,  el estereotipo para alguna otra), siempre acaba siendo el verdugo, el policía de cualquier otro y señalará con el dedo, sin darse cuenta que fuera de ella, hay miles de dedos señalándola como el tópico, el estereotipo, el miedo de lo que es y no quiere asumir. 
No nos damos cuenta de que en la necesidad de negarlos, en  la necesidad de decir que no somos las mismas de siempre, que somos otras (el mismo perro con distinto collar), está la gran trampa y, con ello, perdemos parte de la identidad y parte del legado de lo que éramos. Porque hablar desde el lugar del dedo que señala es más fácil y menos doloroso que coger el dedo que señala para colocarlo en nuestro pecho y asumirnos como aquello señalado. Ser compañeras de lo que se señala, no de la persona que señala. Pero nos cuesta atender a la diversidad viéndonos a nosotras como la diversidad, como el estereotipo señalado.
Si alguien nos dice eh, eres tú la persona señalada, reculamos, nos sorprendemos, nos desquitamos y en ese momento, buscamos a la compañera para cambiarle nuestro puesto y entonces nos ponemos en el brazo del dedo que señala, nos construimos como deícticos, mientras llevamos el discurso de atención a la diversidad, de atención a la pluralidad, porque en el fondo, a veces somo muy ruines, queremos ser el dedo que señala  y lo señalado con nuestras reglas y es en este momento, cuando dentro del propio colectivo si alguien nos dice, eh yo sé que eres lesbiana, a veces nos heterosexualizamos y queremos no parecer aquello que somos, queremos hacer un grupo que quede bien en las fotos familiares, un grupo que quede bien en el parlamento y que salga favorecido cuando le hagan una foto porque, para qué nos vamos a engañar, en el colectivo hay diversidad pero yo no soy tú.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Diario de la pérdida y el deseo. 22 mayo, guerra fría

Estoy en el limite, en un limite que alguien ha marcado, que tú has marcado; tú te quedas dentro, soy la expulsada.
Recuerda que, al igual que tú, también conozco el cuento de cenicienta y recuerda que no busco príncipe alguno para salir de la zona a la que me has expulsado. 
Estoy en tu limite de mujer del Hola!, pero no soy una chica Hola!, ni una chica Cosmopolitan, ni una chica Vogue, ni Elle, ni Mary Claire, ni la chica que toma Kellogg´s para mantenerse en forma; pero me parezco sospechosamente a ellas; puedo hacer passing y nadie lo descubrirá; pero en vez de eso, recuérdalo, me visto para la batalla.
Estoy en el limite y he empezado a vestirme por los pies como los hombres. Tengo un mono de trabajo de color azul, y unas estupendas botas militares reforzadas en la punta -las mismas que utilizas para defender al ser hegemónico que tú tampoco eres-. Prepárate para la lucha, porque será una lucha larga y no podrás esconderte, es una lucha a campo abierto y yo siempre me he mostrado.
Estoy en tu limite y me he vestido con los atributos de tu padre. Soy capaz de conducir vehículos pesados y soy capaz de conducir la moto que conduce el chulo que en algún momento dirá que quiere ser tu marido. 
Mírame bien, porque soy tan parecida a ti que me confunden contigo y no soy tú. Tengo un cuchillo de doble filo y uno de los filos es dentado. Estoy vestida para la lucha que tú has decidido llevar a cabo pero no hay cuartel. Acuérdate de que soy tan parecida a ti que me pueden confundir contigo. Recuerda que tú puedes confundirte y no saber si es conmigo con quien luchas o contigo, recuérdalo. Ten presente tus manos y tus pies, ten presente tu pelo y tus ojos porque puedes atacarlos pensando que soy yo y quedarte sola ante tus manos, tus pies, tu pelo o tus ojos. 

Acuérdate de que puedo construirme como tú y no ser tú. No te olvides nunca de que somos tan parecidas que puedo destronarte, puedo ser tú; no te olvides que he luchado tantas veces que mi cuerpo es un cuerpo de lucha, un cuerpo con el que sé luchar y defenderme. Prepárate porque las armas del padre, las mismas que utilizas a tu favor, también yo sé manejarlas y utilizarlas en el mío. Recuerda que saco fuerzas de tus ruinas, recuerda que saco fuerzas de tus escombros y recuerda que saco fuerzas del margen en el que has decidido posicionarme. Estoy cómoda y me enorgullezco de ser aquello que odias tanto, de ser aquello a lo que tanto miedo tienes. Recuérdalo cada vez que vengas a combatir.

Recuerda que cuando me veas en el campo de batalla me pareceré a ti. Podría ser tú y no soy tú.  Recuerda que nos han contado los mismos cuentos y venimos de la misma historia, pero recuerda que yo ya he estado en la batalla, que no es mi primera batalla. No soy virgen. Recuerda que las dos esquivamos bombas pero yo estaba en las trincheras y tú en el campamento base. No pierdas nunca de vista tu reflejo porque yo puedo ser tu reflejo y tú al mismo tiempo. Recuerda que  hice un pacto con mi sombra y mi pasado para poder estar de nuevo aquí, en esta batalla contigo delante y limpia.
Que no se te olvide nunca que somos tan parecidas que yo siempre puedo ser tú. Recuerda. Tenlo presente cuando llegues al campo de batalla. No me importa que tú elijas el campo, ni las armas, porque las conozco todas. Una vez fui tú, recuerda. Recuerda, cuando llegues al amanecer al campo de batalla, que es la casa del padre, que pude ser tú.  

Recuerda  que soy amiga de las termitas que carcomen los cimientos, recuerda que no tengo miedo al dolor, recuerda que el dolor puede resultarme atractivo y excitante. Recuerda que sobre las ruinas no se puede construir, recuerda que en las ruinas no hay banderas, ni limites ni fronteras. Recuerda que estoy armada, recuerda que estoy preparada para la batalla y recuerda que no es mi primera batalla cuando decidas abrir fuego. Recuerda que pude haber sido tú y recuerda, sobre todo recuerda, que decidí no serlo.


Pd: El vídeo oficial no le he puesto, porque la canción me resulta una especie de himno y  en el vídeo se narra una historia que recuerda más a un acoso que a un himno.

martes, 14 de mayo de 2013

Diario de la pérdida y el deseo; 14,Mayo

Voy a dedicarme unas horas, unos minutos, unos segundos. Voy a andar entre el trigo hasta llegar a las dunas, donde las flores moradas rastrean la arena como elegantes serpientes. Caminaré entre lagartijas y escarabajos. Caminaré despacio entre las abejas -ya no las tengo miedo-, entre las avispas, entre los mosquitos. Caminaré entre los abejarucos que ya han anidado en el campo de trigo, centeno y colza y caminaré entre las golondrinas que me ha prestado mi abuelo, las que me quiero tatuar en el antebrazo. Entre las  golondrinas que anidan en la meseta de la que me marcho y las que anidan en los pueblos que duermen entre barcas blancas y azules, entre redes y pescado. Caminaré despacio porque no me gustan las prisas, porque no me gustan los muertos, ni el sonido del refrigerador que les hace parecer estar dormidos. Caminaré y llegaré al mar. Saldré a mediodía, con la luz de las doce para que mi cuerpo se dore al sol, para que mi cuerpo se ponga moreno, para que mi cuerpo empiece a recordar el color del verano eterno de cuando era algo más pequeña. Caminaré en ese momento en que la sombra se confunde con el cuerpo y se hace una. Caminaré despacio, no me gustan las prisas, y veré los campos donde han florecido las margaritas y las amapolas, porque caminaré a mediados de mayo. Caminaré y llegaré al mar. Llegaré al mar cuando pueda tocar el sol con el pulgar, como las eternas tardes de septiembre en las que se caen las horas a la orilla del mar, a la orilla de nuestro mar. 
Mar del color del mar en julio, que es azul y turquesa, que es trasparente si salpica y blanco si se convierte en espuma, si se convierte en ola. Y olerá al jazmín del anochecer,  a las madreselvas y a sardinas. Olerá al olor que tiene la arena en pleno mediodía, olerá a aftersun y a limones, olerá a vainilla y a leche merengada.
Los hibiscus estarán abiertos, serán pinceladas de rojo entre el verde y el azul del mar y el azul del cielo. Estará despejado, sin nubes, azul intenso,  con estelas de aviones, con banderas publicitarias de cualquier bebida que suene a verano y huela a sandia.
Caminaré entre las dunas, se hundirán mis pies entre la arena, rozarán cada grano, que se ha hecho con eternidad, y ésta les inundará. Serán pies testigos de la eternidad de cada grano, de cada piedra preciosa que forma los granos de arena. Soplará el viento, un viento cálido de sol anaranjado, y sonarán trompetas de días de fiesta, trompetas doradas que brillarán con el sol de media mañana, porque el regreso será una fiesta. Respiraré el olor a sal, el olor que tiene el vapor del mar, el olor que tienen las olas cuando rompen. Mi retina quedará inundada de los distintos brillos del agua, y mis pies llenos de todo llegarán a la inmensidad de azul y sal y placton. Notaré la espuma entre los dedos, la resaca del mar en la planta y surcaré con la palma de mi mano el horizonte. Mi mano será mi horizonte y mi vértice, porque no tengo prisa por llegar a ningún lado, ni tengo prisa por huir de ninguna parte; ya no tengo la aprensión de la huida porque he hecho un pacto con ella y duerme tranquila entre mis clavículas. 
Andaré hacia dentro y el agua rozará mi cintura, rodeará mi cintura y mis piernas y escucharé el silencio, ese silencio que conozco gracias a que tú me lo narraste, ¿te acuerdas? Te acuerdas de ese día de finales de verano cuando el mar estaba como una balsa y al fondo había un banco de tierra, donde no cubría nada y tú me agarraste de la mano, pero el miedo a las medusas hizo que me soltara. Te reíste y me llamabas pero el silencio que te rodeaba y el estruendo que me rodeaba hizo que me quedara en ese espacio de seguridad, tan lejos de tu silencio. Ahora llegaré donde no me atreví aquel día de finales de verano, y dejaré que mi cuerpo sea madera a la deriva; notaré el agua entre el pelo, notaré el agua en las epiteliales, y respiraré profundo y cerraré los ojos llenos de inmensidad azul. Notaré cómo brilla el agua, cómo el sol se esconde; flotaré en el silencio del mar en calma, en el silencio del calor del verano, flotaré entre olor a salitre y pino. El agua recorrerá mi cuerpo, la sal impregnará mi moreno y los labios se agrietarán, tendré el silencio de las horas, los minutos, los segundos que me voy a dedicar para llegar a este mismo punto.  

viernes, 3 de mayo de 2013

La madrastra de Blancanieves

A E sobretodo y a A, porque siempre me sorprende con su extraña manera de ver lo que yo cuento.

Hay cosas que nunca son fáciles; hay cosas que se desarman a medida que el tiempo pasa y no estoy hablando del amor romántico.
Tengo que decir que esto nunca lo habría pensado de esta manera si no me hubiese conciliado con una yo que existió durante mucho tiempo, en la yo que soy ahora, y he de decir que doy las gracias a mis variopintos intereses por haberme sacado de donde es posible que alguna vez hubiese podido estar, aunque siga partiéndome la mandíbula.

No me gustan en especial las familias heterosexuales. No comparto la idea de que lxs hijxs deban cuidarse con núcleos familiares estandarizados por vínculos sanguíneos y con roles definidos y nunca revisados que se justifican a través de la biopolítica. Creo mucho más en una educación plural y grupal del ser vivo, que englobe una pluralidad, que englobase la pluralidad de lo que somos (pluralidad que intentan invisibilizar la nueva ley de educación LOMCE en las aulas, estandarizando al estudiante). Carezco, he de decir, de instinto materno -concepto sexista, puesto que presupone que es un instinto natural de una parte de la población que atiende a unas característica de genero que no de sexo y que parece consistir en la necesidad de parir, no en la necesidad de cuidar, educar o acompañar a un ser vivo, y es evidente que no considero que esa necesidad sea natural, lo que sí que considero es que procede de una cultura sexista y bipartidista con la que estoy enfrentada de manera directa.

Partiendo de mi oposición directa a núcleos familiares de roles culturales aprendidos y de los que nadie  se salva, donde nos enmascaramos nosotrxs y enmascaramos  a lxs otrxs, es difícil educar -que no criar-. Y es en este mismo momento, en este posicionamiento, en esta decisión que elegimos donde se provoca toda una serie de problemas y una serie de posicionamientos. 'Criar' se refiere a 'engendrar' y hace alusiones a razonamientos bio-politicos, justificaciones políticas que aluden a conceptos como 'natural' o 'tradición' sin tener en cuenta que el que observa es una persona y esa persona es política y tiene ideología. Por el contrario, 'educar' hace referencia a 'guiar' a 'conducir', a 'acompañar' y no hace alusiones a la biología, lo cual es de agradecer si estamos buscando un mundo plural y que contemple y haga participe a la diversidad.

Intentando relativizar y mirar el complejo prisma de personalidades que nos rodea y que somos -esto suena a humo de libro de auto-ayuda-, me re-ubicaré y ante la imposibilidad de encontrar en la obra de Tomas Moro, Ganivet o Zamacois un resorte filosófico-es mi asignatura pendiente-, intentaré entrelazar lo que podría decir a E con una taza de té rojo en las manos, en una cafetería de anchos sofás y pintura desconchada: La madrastra de Blancanieves no era su madrastra, era su madre y quería matarla. Y detrás de toda esta construcción del cuento hay una decisión ideológica, llevada primero a cabo por los hermanos Grimm y después por todo el sistema de la Alemania nazi, entendiendo que los valores tradicionales son núcleos familiares heterosexuales, que mandan postales en días festivos y la madre siempre es una figura que protege, cariñosa, y que cuida.

Me dirás que eso ya lo sabes, que eso es la teoría, pero que no sale cuando unx decide ponerla en práctica. Y tendrás toda la razón. Tendrás toda la razón porque a veces las madres no quieren ser abuelas de hijxs de familias que no encajan en sus roles culturales aprendidos. Tampoco quieren ser madres de seres que ponen en entredicho su capacidad de educar o ponen en entredicho la proyección que ellas tienen sobre su propia persona y su propia vida, proyección que realizan sobre ese ser que le es ajeno desde el momento en que salió de su útero. Y el ser que no les pertenece tiene que resolver todas sus expectativas, porque ellas nunca son las madrastras de Blancanieves y es entonces cuando pasamos a formar parte del cuento de cenicienta, buscando el agrado del que no entiende y no quiere entender, esperando a que alguien nos diga que el zapato de cristal es nuestro. 
E insisten e insistimos de manera tozuda, en no ser aquello de lo que salimos (buscamos todas las pequeñas divergencias que encontremos entre nosotrxs y en este caso nuestra madrastra, para posicionarnos como ser) y en que seamos aquello que han sacado, las madrastras ven constantes parecidos entre cualquier miembro de la familia, y quieren que cualquier miembro de la familia sea aquello que ya han pensado, que ya han decidido y cualquier grieta que tenga, condenada a la invisibilización y si no a la burla y al dedo que señala inquisidor, será invisivilizada. Y nosotrxs, los hijxs de esas madres, firmamos acuerdos que, lo sabemos de antemano, no podemos cumplir, porque como nos recuerda esa canción, madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle; y seguimos con roles absurdos identificando madre y familia, invisivilizando voluntariamente a todo aquello que no encaje en ese rol freudiano.

El eterno retorno y la necesidad del eterno retorno, un Ítaca o un Ulises o un mar entero o una patria o  un valle, todo aquello que sea raíz, construimos la metáfora desde ese posicionamiento biopolítico sin revisar el propio razonamiento primigenio.

Es cierto, insisto, la madrastra de Blancanieves, en el texto original, era su madre. Así que ese pequeño matiz, esa pequeña palabra, hubiese solucionado muchos problemas, hubiese dado la puerta a muchas posibles soluciones, porque esa pequeña palabra, ese pequeño matiz, hubiese podido ser la foto que no encanja y esa en la que las deformidades nos permiten reflejarnos.


Y sé que si huimos, nos acercamos a aquello de lo que huimos de una manera irreparable, porque sé que la huida tiene forma de rueda y que la rueda es un constante regreso y sé que la huida nunca es laberíntica, la huida tiene forma del símbolo de infinito y nunca es infinito, siempre es un constante regreso a las raíces con las que no hagamos las paces y en ese momento en que no hagamos las paces, al no ver en el otro nuestro propio yo, aunque el yo no nos guste, aunque el yo nos haya molestado, estamos a un paso, de ser el otro al que deformamos. Así que a veces se nos presenta la oportunidad de un trato, un trato relativo, y práctico, asumiendo que las raíces, de un modo u otro, nos han construido, nos han realizado y las debemos, para nuestra desgracia o suerte, parte de lo que somos y parte del modo en que ahora nos vamos construyendo. 

Porque a veces, todos somos Hache.


domingo, 28 de abril de 2013

Diario de la pérdida y el deseo: finales de abril

Torpes mañanas de abril con equivocaciones avisadas. Han llegado algunas golondrinas, pero las madreselvas aún no han florecido. Espero que se acuerden de nuestros nombres; espero que nosotrxs recordemos nuestros nombres después de cada minuto de tiempo que pasa por nuestras pieles. Todavía te recuerdo y, con el recuerdo, llega el deseo y te tengo delante. A veces el recuerdo abre la puerta del polvo nuevo, a veces el recuerdo canaliza el deseo, a veces el apredizaje del sexo crea un nuevo sexo. Me has preguntado cuándo echamos un polvo, mientras te ponías la americana y con medía sonrisa y un beso largo te he prometido un polvo después de las doce si no me convierto en calabaza y no me acuna el cansancio.

Te debía un poema que no te vas a cobrar o por lo menos que no te cobrarás aquí y mucho menos con letras tecleadas que emiten un extraño ronroneo cuando soy yo la que las pulso. Me gusta el ritmo que hacen las pausas de tu pensamiento cuando escribes. A veces me resultas reconfortante y a veces, no me tomes muy en serio -ya sabes la fama que me gasto-, cuando te observo me resultas irremediablemente irresistible.

Descanso mientras te espero.

Una foto preguntando si en un pueblo más al norte, un pueblo que esta dormido entre valles y cultivos de secano puede haber orquídeas salvajes, como esa película que me presentaste en nuestra tercera cita.
No llegas y estoy vaga. Han dado nieve para este último fin de semana de abril y mañana me enfrento a adolescentes. Nuestra comensal ha regresado a la flor morada del romero, una foto de jardines colgantes y, poco a poco, voy apresurando el ritmo del teclado para poder cerrar esta torpe, ya no mañana de abril, con una equivocación avisada.

Buenas días.